Macri

Cambiemos quebró a la clase media. Hoy se cumple exactamente un año de ese fatídico 28 de diciembre de 2017, en donde nuestro honorable Jefe de Gabinete aniquiló públicamente en conferencia de prensa a la credibilidad del . Propongo humildemente que desde hoy se proclame al 28 de diciembre como el “día nacional del Jefe de Gabinete”, en honor a semejante proeza social-progresista. La coherencia debería obligar a un paso al costado y a un pedido de disculpas, pero parecería que en Peronia, las cosas son distintas.

Equivocarse es gratis en Peronia, condenar a toda una nación a una crisis innecesaria y dolorosísima es libre de costo y cargo en nuestra inefable Peronia. Mucho argentino con toda razón dudará en las elecciones presidenciales del 2019 de que  sea la mejor opción posible y esto no es culpa del votante, Cambiemos es absolutamente responsable de haber retroalimentado un debate político que en octubre del 2017 estaba culminando. La actitud de un Jefe de Gabinete y Ministro de Hacienda juntos, aniquilando la credibilidad de un Banco Central, y un banquero central aceptándolo sumisamente, definen con cruel y ácida elocuencia la esencia más básica de Peronia. Hay momentos en donde renunciar es la única opción razonable y el 28D fue uno de esos momentos. Lo que vino después fue absolutamente espantoso, nuestro país literalmente voló por el aire y aquí estamos ahora, flotando con respirador artificial y rezándole a la lluvia, por ahí tenemos suerte, esquilmamos al campo y nos salva, o por ahí viene Batman.

Varios tiros en el pie. Me parece razonable la actitud de muchos en seguir apoyando a Cambiemos, de hecho, quizá y a pesar de todo, yo culmine haciendo lo mismo, pero esta vez, en segunda vuelta. Sin embargo, la función pública no puede ser concebida como un cheque en blanco. Debe haber rendición de cuentas. Los economistas y estrategas políticos del riñón del presidente Macri han cometido errores muy graves que han subsumido a la mayoría de la población argentina a una crisis durísima e innecesaria. El equipo económico de Cambiemos, un ejército de idealistas socialistas, un himno a la nada, demostró cómo se podía romper aún más a una economía que ya estaba destruida. Si sirve para algo tanto yerro, tanta improvisación y tanto costo, será quizá para demostrar una vez mas que el socialismo es una contradicción sin remedio. Dos errores innecesarios y costosísimos se dieron aproximadamente en la misma ventana de tiempo, en un ejemplo de cómo un gobierno puede tirarse tiros en el pie una y otra vez, usando como colateral al empobrecimiento de toda una nación.

Las dos torpezas que cambiaron todo. Primero, Cambiemos aplaudió y convalidó el Impuesto a la Renta Financiera, un monumento a la ingenuidad, originalmente pergeñado por el Massimo. Pero no se confundan ni por un solo instante: los personajes emblemáticos de Cambiemos aplaudieron la medida, la cual ha sido una de las tonteras más costosas que le he visto hacer a un equipo de economistas. Ha sido tan grotesco el error que con la reglamentación de ayer intentan emparchar la criatura a los efectos de que por 2018 no se pague el tributo. Lo irónico es que la baja en el precio de los bonos que precisamente originó la creación del impuesto, neutraliza el cobro del mismo. Segundo, por el 28 de diciembre del 2017 parece que a un grupo muy cercano a nuestro Presidente le sonaba que una tasa real del 5% y una tasa nominal del 30% era demasiado obstáculo para el populismo al cual el Gobierno se había comprometido intensamente con la victoria de octubre. Hasta la madre de la república opinaba de política monetaria y de lo alta que era una tasa 30%. Un año después, la economía argentina debe lidiar con tasas reales del 20% y tasas nominales que fácilmente superan el 60%. Mezclar economía con socialismo nunca funciona. El equipo económico de Cambiemos ha sido lamentable.