“El grupo ISIS perdió Raqqa, la capital de su califato en Siria. La ciudad, después de cuatro meses de combates, cayó finalmente en manos del Ejército Árabe Sirio apoyado por la alianza anti yihadista y fuerzas militares de los Estados Unidos. El trágico balance indica que hubo 3.273 muertos, entre ellos 1.287 civiles”. Así comienza el cable de noticias de la agencia francesa AFP, fechado el martes 17 de octubre.
Los días anteriores y posteriores a la impactante y rápida victoria fueron coronados con la liberación de otro puñado de territorios tomados por los terroristas en 2014.

El momento de algarabía recorrió el mundo. Fotos y vídeos mostraban a ensangrentados soldados de ropas camufladas con sus fusiles en lo alto y banderas flameando. También escenas que parecen sacadas del Infierno de Dante Alighieri. Calaveras sobre escombros. Estructuras demolidas por la fuerza de las bombas.

A esa altura de los acontecimientos, y mientras las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), que tomaron el control de las ciudades, contaban los cadáveres, otro pelotón militar de la coalición internacional liderada por Washington descubría el impresionante arsenal que el autodenominado Estado Islámico (Daesh, en árabe) tenía oculto en, por ejemplo, la estratégica Mayadin.

Fue allí donde el Ejército sirio descubrió gran cantidad de armas estadounidenses, británicas y belgas pero también explosivos de cargas huecas provenientes de Argentina. Sí, explosivos argentinos en manos de los terroristas de ISIS.
“Hemos encontrado un gran arsenal con armas avanzadas” declaró el general sirio Hasan Suhel. Mayadin era el centro logístico de los terroristas con una red bien organizada de depósitos de armas y talleres.

“Necesitaremos al menos seis días para sacar todos estos trofeos que los terroristas de Daesh dejaron aquí tras su huida”, abundó exultante el militar que dirigió la operación para liberar la ciudad.

Integrantes de la alianza Fuerzas de Siria Democrática celebran la liberación de Raqqa (AFP)

Integrantes de la alianza Fuerzas de Siria Democrática celebran la liberación de Raqqa (AFP)

También prometió investigar cómo ese armamento internacional, que incluía las “cargas huecas 1.4 S” fabricadas por una empresa privada de nuestro país, y que en 2010 fueron certificadas y autorizadas para “transporte” por el ex RENAR (Registro Nacional de Armas) terminó en manos de los terroristas que siembra miedo y espanto, por ejemplo, en las principales capitales europeas a través de los denominados “lobos solitarios”.

Se logró reconstruir el camino de los explosivos argentinos que habría utilizado los terroristas de ISIS. Para eso consultó con fuentes de primer nivel gubernamental. Habló con ex funcionarios del pasado gobierno kirchnerista y con empresas vinculadas a la fabricación de este tipo de artefactos que se utilizan en la industria petrolera y gasífera.
La historia es apasionante, remite al tráfico de armas a Ecuador y Croacia durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, pero las diferencias, en principio, son abismales.

La ruta de los explosivos

A nivel internacional, un nuevo escándalo vinculado a la venta de armas y explosivos estalló y tiene a la Argentina, entre otros países observados.

Sucede que hace dos semanas, cuando el ejército Sirio, liberó varias ciudades que estaban bajo el yugo de los terroristas del Daesh se descubrió que entre el impresionante arsenal de ISIS había decenas de cajas con “explosivos huecos”, que habían sido exportados desde la Argentina a Holanda y de esa nación triangulada a Siria, que tenía algunas restricciones internacionales para recibir este tipo de cargas.

Los fotógrafos de las agencias internacionales que fueron testigos mudos del impactante arsenal de los yihadistas hicieron circular por el planeta los retratos de drones, tanques, lanzamisiles, vehículos blindados, fusiles automáticos, ametralladoras, AK (Kaláshnikov Automáticos) de fabricación soviética, M16 estadounidenses, fusiles de asalto ligeros y fáciles de utilizar.

También había pistolas belgas Herstal, Glock austriacas y HS Produkt croatas; rifles para francotiradores de origen chino y croata; municiones de unos 21 países, entre ellos de Serbia; misiles antitanques producidos en EE UU, China o en la ex-Yugoslavia en los años 80; viejos morteros de fabricación china que Irak usó contra Irán, así como modelos antiguos de morteros soviéticos del arsenal sirio, e incluso tanques Abrams estadounidenses; granadas, minas antipersonales.
En total, 100 tipos de armas fabricadas o diseñadas en al menos 25 países, entre ellas las cajas argentinas con las inscripciones del RENAR.

Etiquetas de las cajas que contienen los explosivos argentinos

Etiquetas de las cajas que contienen los explosivos argentinos

Según un “informe preliminar reservado” al que accedió Infobae, originado en el área de terrorismo del Ministerio de Seguridad de la Nación, que está investigando en profundidad este tema del que casi no se habla, cientos de cajas encontradas en Mayadin contendrían “cargas huecas de 4 pulgadas tipo TCP HDX que son utilizadas por la industria petrolera para el punzado de pozos a través de tuberías”.

Sin embargo, y a pesar de ese uso industrial con el cual habrían llegado a Siria en 2010, cuatro años antes que ISIS tomara parte del territorio sirio, también se las pueden acondicionar para redirigir y concentrar la fuerza de la explosión del proyectil, con el fin de perforar el blindaje de los tanques enemigos ya que “debido a la forma en que está dispuesta la carga explosiva, gran parte de la fuerza de la explosión es proyectada hacia delante.

Las etiquetas de las cajas no solo revelan que en su interior hay “explosivos de carga hueca TCP”, sino también que estos se corresponden al código “1.4S”, que en la nomenclatura de la ONU implica “cargamento de materiales peligrosos”.
Hasta ahora no se pudo establecer si los explosivos argentinos mataron a ciudadanos sirios o de otras nacionalidades que le declararon la guerra al terrorismo internacional.

El informe secreto

El “informe preliminar sobre material militar argentino descubierto en los arsenales de ISIS” al que accedió de manera exclusiva Infobae destaca que “la hipótesis más fuerte es que la empresa ETA S.A (que fabrica y distribuye cargas huecas para perforaciones en tubos de petróleo y gas) hizo una exportación legal vía Holanda a una petrolera siria”.

La empresa ETA S.A nombrada en el informe gubernamental es una firma con más de 30 años de trayectoria en el país y cuyas siglas significan Explosivos Tecnológicos Argentinos.
La sociedad se dedica íntegramente al desarrollo, producción y comercialización de explosivos para operaciones de punzado de pozos petroleros.

En la actualidad, produce más de 50 tipos de cargas, incluyendo diseños propios y desarrollos de terceras compañías. Sus productos son de utilización pacífica y hasta ahora nunca estuvo mencionada en algún conflicto bélico.

El documento “preliminar” oficial destaca que la exportación de los explosivos a Holanda que terminó en Siria “no es nada llamativo porque son dos países petroleros y esta dinámica siempre existió”.

La investigación del área que se ocupa del terrorismo internacional aclara también que “cómo Siria sufre algunas restricciones, es probable que se haya triangulado para no caer en las prohibiciones internacionales”, un hecho que podría tener cierta gravedad.

Sin embargo, los funcionarios del gobierno de Cambiemos, y a sabiendas que la exportación se realizó durante el mandato de Cristina Fernández de Kirchner, destaca que la operación comercial “fue legal” y recalca que “lo importante es saber que no son ni armas ni municiones”, y puntualiza que, en base a los documentos archivados en la ex RENAR, “esa mercadería igualmente tiene controles de trasporte” y que la “mercadería -los explosivos- fueron verificados por el RENAR”.

Según pudo establecer este medio, a través de fuentes cercanas a la empresa involucrada en la exportación “legal” (según las autoridades nacionales), los embarques de los explosivos huecos que llegaron partieron vía aérea desde Ezeiza a la ciudad holandesa de Schipol y de allí volaron hacia Damasco.

Su destino final era la empresa Al Furat Petroleum Company” cuyo paquete accionario está formado en un 50% por el Estado Sirio y y la otra mitad por accionistas privados, como la multinacional Shell.

Esta empresa, a su vez, le presta servicios de perforación a otro gigante petrolero de Medio Oriente, la sociedad Shlumberger Middle East S.A, que tiene una de sus sedes en Emiratos Árabes Unidos, y que brinda servicios, entre otros países, a Canadá y Estados Unidos.

La empresa realiza importantes trabajos en los pozos de la cuenca este del Eúfrates, en Siria, en el campo de “Al Omar” uno de los mayores campos petroleros del país que estaba tomado, hasta hace una semana por los yihadistas. La recuperación de esos campos se logró gracias al despliegue de fuerzas terrestres sirias con el apoyo de la aviación rusa.

En sintesis: es material argentino, vendido y comprado en forma legal para ser utilizado en operaciones lícitas por parte de una empresa del Gobierno sirio. El cargamento fue sin duda capturado por el Estado islámico cuando ocupó la región, manteniéndolo en reserva hasta su posterior captura por las fuerzas sirias.

El “informe preliminar” oficial termina concluyendo que “de ninguna manera la empresa o el RENAR le vendieron -los explosivos- a ISIS” y especula que “seguramente cuando -los yihadistas de ISIS tomaron las ciudades -sirias- stockearon lo que había en las compañías petroleras y esto pudo haber estado de antes y no haber sido usados”.

Hasta aquí lo que se sabe, lo que se conoce y lo que se investigó en las últimas semanas por los especialistas del Ministerio de Seguridad en materia de terrorismo. Es decir, desde que el Estado Islámico fue aniquilado en Siria, y sus arsenales con material bélico de 25 países, salió a la luz pública.