“El 12 de septiembre llegué a casa. Mi mujer dormía en la pieza. Entré y la asfixié. Después, llevé el cuerpo al baño”.

Llorando, pero más aliviado, ayer Eduardo Ojeda confesó a la fiscal Aída Farrán Serlé haber asesinado su pareja, Rocío Corvalán en El Mojón, Pellegrini.

“Ella me engañaba. Hace años que venía con eso. Le perdoné, pero seguía así”.

Ahondó: “Hasta llegó a poner la foto del amante en su de perfil del whatsapp. Se me reía en la cara”, dijo.

Al recordar cómo fue el final, Ojeda detalló: “Días antes, ella me arañó en la cara porque le conté a su hermana lo que ella andaba haciendo”.

Noche final

Ahondó: “Esa noche, volví a casa. Ella esta durmiendo en otra pieza. Yo andaba con ganas de ahorcarme, pero no podía. Cuando la vi, me acerqué y la asfixié con las manos”.

Profundizó: “Después, para que mis hijos no la vieran, la llevé al baño y le puse una soga en el cuello para que parezca un suicidio. Posteriormente, salí al patio y pedí ayuda a mis vecinos. Les dije que ella se había matado; lo mismo que le conté a la policía cuando vino a mi casa. La hallaron en el piso del baño tirada y no me creyeron que se había suicidado”, enfatizó.

Sobrevino una investigación y las sospechas rápidamente se situaron en Ojeda, ante el arañazo en la mejilla y la ausencia de un nudo de la soga en el extremo opuesto.

Hoy, el personaje espera en la Capital que la Fiscalía defina su suerte final.