Con sólo 20 años y una carrera en ascenso, el cuartetero Walter Olmos, que de chico había vivido en la calle y en un instituto de menores, se quitó la vida en una habitación de hotel mientras jugaba con un arma.

“Dale que te quemo, dale que te quemo”. Eso repetía Walter Olmos junto a sus músicos con una pistola Bersa calibre 22 en la mano. Según relata Infobae, se la había regalado un amigo catamarqueño como él. Sonreía como un niño grande: para el cantante no se trataba más que de un juego.

Las crónicas de la época aseguran que había un fuerte olor a cerveza en el ambiente, que Olmos dijo que iba a ducharse y que al rato se oyó un chasquido del gatillo del arma. Esa vez la bala no salió y todos respiraron tranquilos. Al rato, un ruido mucho más fuerte. El cuartetero quedó tendido sobre la cama con un disparo en la sien.

El vértigo de las giras lo llevaría, por primera vez, a estar en riesgo: en abril de 2002 Olmos quedó internado en terapia intensiva luego de sufrir un accidente automovilístico en Catamarca. El auto en el que viajaba el músico volcó y se incrustó en una casa. Por el choque el artista tuvo un fuerte traumatismo de cráneo.

El 8 de septiembre de 2002 Walter se encontraba en la habitación 22 del hotel San Cristóbal Inn, un sencillo lugar donde se alojaba siempre que estaba en la capital. Antes de la medianoche, llamó a su novia Vanessa y le dijo: “Salgo a hacer los shows y a la mañana, cuando vuelvo, te juro que te preparo el desayuno”.

Según relató el sonidista Juan López a la revista Pronto del 11 de septiembre de ese año, mientras esperaban la camioneta que los llevaría a uno de los shows, el joven empezó “un macabro juego” con el que se entretenía apuntándoles con un revólver a quienes entraban al cuarto.

“Entré a la habitación y me puso el arma en la cara. Escuché un clic y le dije: ‘Dejate de joder con eso que le vas a pegar un tiro a alguien'”, narró López. Según su relato, Olmos quiso tranquilizarlo, dejó caer una bala de la recámara al piso y le dijo: “Ves que no pasa nada, ya le saqué la bala”. Pero en la Bersa todavía quedaban 12 proyectiles.

“Walter estaba como jugando. Se tiró en la cama y, mientras yo me preparaba para darle el teléfono para que llamara a su hermana, se llevó el arma a la cabeza y se disparó”, detalló López.

La bala, reconstruyeron las crónicas periodísticas de la época, entró por la sien derecha del artista y quedó alojada en su cerebro, lo que le produjo el deceso casi instantáneo.