El jueves a la madrugada, poco después de las 4, Fabián Villalba salió de su casa en General Pacheco para ir a trabajar y lo asesinaron de dos balazos. Todo sucedió en minutos. Caminó dos cuadras hasta la parada de colectivos y, mientras lo esperaba, aparecieron los dos delincuentes. La víctima intentó evitar que le robaran pero esa decisión le costó la vida.

 

Los ladrones estaban armados. Querían que les entregara su celular pero Villalba se arriesgó y en lugar de sacar el teléfono de su bolsillo los sorprendió con un aerosol de gas pimienta. Los roció en la cara y ellos respondieron a los tiros.

 

Uno de los disparos alcanzó a la víctima en el pecho y el otro en el estómago. Herido, llegó como pudo hasta la comisaría del barrio, que estaba en la misma cuadra. Cayó desvanecido en la calle antes de pedir ayuda y para cuando llegó la ambulancia, ya estaba muerto.

 

Los delincuentes escaparon sin dejar de disparar. Tiraron en contra de una mujer y de un hombre, que como Villalba esperaban el colectivo, y de un policía que salió de la seccional al escuchar las detonaciones. Ninguno de los tres resultó herido.

 

Uno de los sospechosos, un joven de 17 años, fue detenido tras una persecución policial. En su poder tenía una pistola Browning calibre 9 milímetros con pedido de secuestro desde 2013. Su cómplice, de 20 años, cayó poco después en la Villa Trapito. La declaración de los testigos fue clave para identificarlo.

 

Villalba tenía 41 años y era papá de dos hijos. Sus vecinos marcharon el jueves por la tarde para pedir justicia por su muerte y medidas de seguridad. “Hoy mataron a otro pibe laburador, más bueno que el pan. Queremos Gendarmería y Prefectura”, publicó un vecino en las redes sociales.