El conflicto catalán no es nuevo y responde a una multiplicidad de razones históricas y políticas, que han sido eludidas en las mesas de dialogo, entorpeciendo las negociaciones. Hoy el mundo contempla como, la falsa promesa de la republica de Cataluña –La Cataluña prometida- falsa por ser contraria a derecho y por haber sido el recurso de seducción política de dirigentes catalanes, puede materializarse en medio de un contexto de crisis, resentimientos y un peligrosamente exacerbado nacionalismo catalán.

La historia de la civilización, es la historia de la integración y la homogeneización de los pueblos, que sin perder su riqueza cultural e identidad, fueron declinando sus diferencias y consolidando un espíritu común, para dar origen a los estado-nación modernos. Cuestionar en pleno siglo XXI, la legitimidad de un estado constitucional, avalado por los nuevos usos y costumbres, y el derecho internacional, es anacrónico y peligroso, pero parece ser una revitalizada tendencia en diferentes puntos de nuestro mundo globalizado.

El ímpetu catalán tuvo diferentes manifestaciones históricas. Previo al siglo XII, momento en el que el condado de Barcelona y el Reino de Aragón se unieron dinásticamente, el estado catalán, que había pertenecido al Imperio Carolingio, contaba con sus propias leyes, sus propios tribunales, autonomía e identidad cultural. Luego de la anexión de el Condado de Barcelona a la Corona de Aragón, esta autonomía es cedida, con la intención de conformar un estado mayor y las ventajas militares, económicas y políticas que esto implicaba. El posterior matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla da a luz a la nueva España, de la que formaba parte integrante Cataluña.

A partir de la conformación de la corona española, Cataluña intentará en más de una oportunidad la secesión. Un antecedente histórico es la guerra franco española del siglo XVII, los catalanes receptores de una fuerte influencia cultural e idiomática francesa, intentaron por aquel entonces separase de España. Luego, en el año 1700 muere Carlos II el último Rey Habsburgo sin descendencia, dando origen a la guerra de sucesión. Cataluña era parte del reino de Aragón y por lo tanto quería un Austria en el reino de España. Finalmente se va a imponer el primer Rey Borbón, Felipe V, quien ocupa Barcelona después de 14 meses de sitio en 1714. Desde entonces los catalanes sienten el sometimiento a una corona borbónica.

Sobre el siglo XX, en 1931 con la Republica Española, los catalanes recuperan autonomía que perderán luego con el triunfo de la dictadura franquista, la que impondrá el castellano como lengua oficial proscribiendo al catalán, e impedirá el autogobierno. Esto reanimó los ánimos independentistas lacerados por el franquismo.

Las diferentes coyunturas históricas permitieron que en la actualidad los oportunistas que apelan al resentimiento, encontraran oídos fanáticos que se expandieron poderosamente frente a los errores del actual gobierno. El vacío jurídico en el que se encuentra Cataluña es el resultado de la negligencia y el oportunismo.

En 1978 la constitución de la nueva España pos franquista y democrática, le abre las puertas a Cataluña al regreso a la autonomía. Luego en 2006 se dicta el “estatuto” -como lo llaman los catalanes-, que les permite la creación de instituciones propias de gobierno. Frente a este avance, en 2010, el Partido Popular con Rajoy en el liderazgo, impulsará con ineptitud, que el tribunal constitucional le recorte 14 artículos claves al estatuto catalán, lo que fue recibido de mal grado por los catalanes e inflo las velas de quienes esperan los vientos independentistas.

Arthur Mas, político catalán con agudo sentido de la oportunidad, intento negociar con Rajoy la restitución de estos 14 artículos. Rajoy, negligentemente, escatimo recursos en la negociación, y su poca apertura al dialogo inflamo el fanatismo.

Estamos frente a una situación en la que observamos ilegalidades de uno y otro lado. La constitución española no prevé la secesión, por lo que el referéndum es inconstitucional y obliga al gobierno nacional a prohibirlo. Por otro parte, Rajoy comete la torpeza de poner la guardia nacional a golpear ciudadanos que intentan sufragar, lo cual es un derecho independiente a la validez del sufragio. Hoy el mundo habla de la represión a ciudadanos que querían expresarse democráticamente, y no de la improcedencia jurídica del referéndum.

El sano criterio de permitir sufragar a los catalanes y luego invalidar judicialmente el referéndum brillo por su ausencia. La falta de perspectivas que orienten hacia el bien común, seguirá abonando la idea de la Cataluña prometida enfrentada a la torpeza autoritaria.

Como una profecía varias veces cumplidas me suenan en la memoria las palabras del conspicuo César Vallejo, “España, aparta de mi este cáliz”.

Por Carlos Fretín
Lic en cs Politicas