laboratorio

No se sabe muy bien si estaban motivados por fines científicos o simple y lisa morbosidad. Lo venían haciendo desde el 2007 mientras el departamento de policía estadounidense los investigaba. El equipo a cargo, buscaba la oportunidad para desmantelar estas operaciones y poner fin a los escabrosos procedimientos que llevaban adelante dentro del lugar. Finalmente, el FBI allanó la propiedad y los jueces clausuraron la institución. La noticia se dio a conocer en los medios locales la última semana de julio y despertó la indignación de quienes creían en las buenas prácticas del Centro de Recursos Biológicos de Phoenix, Arizona, en Estados Unidos.

Fueron ocho las familias que alzaron su voz en 2014, cuando iniciaron una demanda contra esta suerte de laboratorio del doctor Frankenstein en base a una prueba que bastó para incriminar a su propietario, Stephen Gore.

Lejos de cumplir el compromiso que asumía con los donantes de los cuerpos fallecidos, que los entregaban a la institución para contribuir con la investigación de enfermedades, Gore estaba mutilando los cuerpos y vendiendo sus partes sin autorización alguna y con objetivos que estaban muy alejados de la ciencia y mucho más cerca de la atrocidad.

Los comercializaba a “buenos precios”: una cabeza la cobraba 500 dólares, una pierna, 1.100. Mientras que un brazo, lo entregaba por 750, un cuerpo entero podía llegar hasta los 5.000 dólares. Por menos de 500 dólares se podía comprar pies y rodillas sueltas. Imposible saber qué criterios utilizaba para tasar cada parte.

Al intervenir el predio, se encontraron baldes llenos de cabezas, brazos y piernas, congeladores con genitales masculinos y varios miembros de personas distintas cosidos entre sí. Los cuerpos no tenían etiquetas ni identificaciones de ningún tipo. También había charcos de sangre humana y fluidos corporales en el fondo del freezer. Los cadáveres habían sido cortados con motosierras y cuchillos eléctricos.

El más macabro de los hallazgos, que los agentes y las familias de los muertos describieron como una “broma enferma” fue el que se vio colgado en la pared: un gran torso masculino con cabeza de mujer. El engendro supera, sin dudas, la imaginación de la misma Mary Shelley, autora de Frankestein o el moderno Prometeo, ese clásico de la literatura que todos conocemos.

Aunque el FBI descubrió todo hace cinco años, la causa se hizo pública el mes pasado por pedido de los familiares que buscaban alertar a la población. Según sus denuncias el tráfico de cadáveres podría haber estado sucediendo desde 2007. Durante este tiempo, personas desprevenidas donaron los cuerpos de sus familiares, en la búsqueda de un sentido trascendente para las pérdidas de sus seres queridos. La estafa llegó a su fin.

Fuente: TN