la costanera

“Esto no se acaba más. Entra uno y sale el otro. Eso es lo que pasa en La Costanera”, renegó, en voz baja para que nadie lo escuche, Mario. Es un vecino que se gana la vida cortando el césped en las viviendas de Villa 9 de Julio. Ese fue el primer comentario que hizo después de que se desarticulara un quiosco de venta de drogas en ese sector del este de la capital.

El jueves por la tarde, las nubes cargadas de agua amenazaban con jugarle una mala pasada al personal de la División Antidrogas Tucumán de la Policía Federal. Antes de que comenzara el aguacero, los agentes fuertemente armados ingresaron a la casa de un tal “Santucho” ubicada en Cuba al 1.600. Allí encontraron más de 200 dosis de paco y más de medio kilo de marihuana y detuvieron al sospechoso y a su pareja. Ambos tendrían lazos familiares con un tal “Cristian”, sospechado de dirigir una red de narcomenudeo en la zona. La investigación fue desarrollada por el fiscal Carlos Brito y supervisada por el juez federal Fernando Poviña, que subroga a su par Daniel Bejas.

El operativo, que duró más de tres horas, fue a unas cinco cuadras de la casa donde el miércoles 27 se realizó una fiesta que duró hasta el amanecer, bombas de estruendo incluidas. El agasajo fue para celebrar la liberación de Rogelio “El Gordo” Villalba, uno de los hombres más conocidos del barrio. Villalba había estado alojado en el penal de Villa Urquiza durante más de dos años por estar acusado de dirigir una red de venta de drogas en el vecindario. Durante años había ejercido el control de la zona. Por la actividad que desarrolló se ganó el sobrenombre: “El Rey del Paco”.

REVUELO. Rebollo fue asesinado cerca del quiosco que fue desarticulado.

“Los dos son pesados; o mejor dicho, se hacen los pesados porque tienen giles que balean por ellos y porque tienen plata. Por eso la gente les tiene miedo. Pero no hay que temerles, hay que seguir denunciándolos para que no sigan aquí. Perdí a un hijo por la porquería que venden. No pudo aguantar no poder dejar el paco y se terminó ahorcando. Casos como el mío hay un montón”, aseveró Mario.

La investigación

El trabajo de los agentes antinarcóticos se inició hace más de un año. Después de que detuvieron a “El Gordo Rogelio”, los investigadores comenzaron a sospechar que otros grupos estaban pugnando por ocupar el espacio que había dejado vacante.

Los integrantes de los grupos que respondían a “El Gordo Silla” y a “Cristian” crecieron en el negocio de la venta de paco en el barrio. Habrían competido con los familiares del “Gordo Rogelio”, quienes nunca habrían abandonado la actividad.

Los federales recibieron varias denuncias, pero sólo pudieron probar la existencia del quiosco narco desarticulado ayer. Entrar a La Costanera para verificar el dato no fue fácil para los pesquisas. La barriada es un laberinto de pasillos en donde los “soldaditos” (jóvenes contratados por los transa para que realicen tareas se seguridad) van y vienen en sus motos o caminando. Están atentos a cualquier movimiento extraño.

La historia de esta investigación tuvo un capítulo trágico. En noviembre, en un intento de robo, el agente Pablo Ariel Rebollo recibió un disparo que le provocó la muerte horas después. El efectivo estaba realizando trabajos de inteligencia para sumar indicios en contra del grupo que sería liderado por “Cristian” cuando fue sorprendido por motochorros.

Esa fue una de las razones por la cual los federales ingresaron fuertemente armados al barrio. Temían que se registraran incidentes. Al principio, según confiaron fuentes policiales, hubo dos “soldaditos” que pretendieron generar incidentes, pero los vecinos no se sumaron, por lo que no les quedó otra que salir corriendo del lugar para evitar ser detenidos.

“En el barrio tenemos mucho miedo. Estos tipos tienen mucho poder y hacen lo que quieren. Si usted hubiera visto lo que fue el día que liberaron a Rogelio. Sus allegados estaban de fiesta, y los demás, apenados porque sabemos lo que nos espera. Ahora cayó ‘Cristian’, y otros levantarán la cabeza”, explicó Luciana, otra madre que lucha para que sus hijos abandonen la droga.

Después de escucharla atentamente, María, la amiga agregó: “no alcanzan con que vengan y se los lleven. No tienen que volver más porque cuando siguen con su negocio. Siguen matando a nuestros hijos y nunca terminan pagando por lo que hicieron, como pasó con Rogelio”.