Se despertaron con las amenazas y encandilados por las luz de la linterna. Cuando entendieron lo que pasaba, un arma ya apuntaba hacia ellos. El matrimonio, en ese instante, sólo se preocupó por el estado de su nieta de cinco meses, que dormía en la cuna ubicada al pie de la cama. “No le hagan nada a la bebé”, le dijeron Carlos Arreguez y Elba Chain al ladrón que tenían en frente.

Tres desconocidos asaltaron ayer una vivienda de calle Isabel la Católica al 3.100, en la capital. Tras maniatar al propietario, se llevaron U$S 2.000, $ 40.000 en efectivo, joyas, celulares y 100 atados de cigarrillos, entre otras cosas.

La banda había ingresado a la propiedad, alrededor de las 6, rompiendo la reja de la ventana del negocio. Los atacantes se movieron luego por el comedor, las habitaciones y cualquier otro rincón donde pudiera haber un objeto de valor. Uno de ellos entró al cuarto matrimonial.

“Tenían puesto una bincha con una linterna potente en la frente. Llevaban guantes comunes y recortados. Uno me sacó de la cama, me puso de rodillas en el suelo y me tapó la cabeza con una sábana. Tenía miedo que me pegara en la cabeza. Trataba de no mirarlos”, revivió Arreguez, jubilado de 67 años. “La sacamos barata porque no nos pegaron y a la chiquita no le hicieron nada”, añadió. La hija de la pareja volvía de Buenos Aires a la hora del robo.

Los asaltantes removieron la casa durante 30 minutos y en todo momento “pidieron dinero, y más dinero”, pese a que las víctimas repetían que no tenían más que lo que se estaban llevando.

“Les dimos todo lo que estaba en el almacén y lo que mi señora tenía guardado en la habitación. Nos dijeron que vivíamos en un lugar de lujo y por eso debíamos tener más plata. Pero eso no así, yo hice esta casa y lo que tuvimos lo gastamos en muebles”.

MÉTODO. Arreguez muestra cómo ingresaron los desconocidos por la ventana.

La salida

“Te juro por mi nieta que no tengo ni un peso más. No vas a encontrar más dinero”, le expresó en tono de súplica Chain, de 65 años. Ante esa contestación, los agresores desistieron de su búsqueda y tomaron a Arreguez de nuevo para maniatarlo con alambre y taparle la boca. Lo dejaron tirado sobre una montaña de ropa formada en el piso de la habitación.

Los atacantes utilizaron a Chain para abrir la puerta de la cochera. Antes, le habían pedido que desactivara la alarma. Las víctimas no han sabido explicar por qué el sistema de seguridad no se había activado en ese momento. Incluso, llegaron a pensar que ellos mismos no la habrían habilitado.

La banda sustrajo del garaje la moto del hombre, pero luego la dejaron tirada en el pasaje 17 de Abril, en el barrio Villa Muñeca. “Es la segunda vez que me roban la moto. Tiene alarma, así que anda unas cuadras y se detiene. No pudieron arrancarla y la dejaron a unos 600 metros”, contó el hombre.

La familia Arreguez había sido víctima de varios hechos de inseguridad. Inclusive, en una semana llegaron a padecer cinco robos. Por eso, aseguraron con rejas la puerta y las ventanas y atienden a los clientes con todo cerrado. “Esta vez, estaban más preparados. Lo tenían estudiado”, apuntó. “A la gente no le gusta trabajar y salen a robar. No hallan otra forma de vivir, y ya nacieron así”, consideró el dueño.

“Siempre le decía a mi marido que no sabría qué hacer si vivía este tipo de asalto. Me alumbraron, me taparon la cara y me bajaron al suelo. Siempre esperando el golpe, el tiro. Con el revólver me daban órdenes. Uno estaba en la habitación y los otros, que se movían por todos lados, hablaban bajito. No sé por qué. Capaz, no querían que los escucháramos”, rememoró la mujer.

En el seno de la familia se volvió a plantear la posibilidad de mudarse cerca del microcentro, como medida ante la inseguridad, según los dichos de Chain

El 26 de marzo, al menos cinco jóvenes ingresaron a una casa de calle Bulnes primera cuadra, también en la capital, durante la madrugada. Se llevaron $ 62.000, notebooks, ropa y celulares, entre otras pertenencias. En este caso, golpearon a Luis Ceber, el dueño, y maniataron a los parientes.