La familia pudo iniciar el velatorio de Oscar Cisneros ayer por la tarde, tras unas 15 horas de espera. El ataúd fue ubicado en el interior de una casilla hecha de ladrillos de bloque de cemento y chapa, donde los parientes y los conocidos entraron y salieron para cuidar al difunto. Afuera, varios grupos se habían formado y se hablaba entre dientes, manifestando dolor y enojo por el ataque y el crimen del joven de 28 años, en La Costanera.

“Estaban festejando el cumpleaños del hijo de mi hermano mayor. Habían ganado un partido en la cancha e hicieron un asado para festejar eso también. Estaban mi dos hermanos y el cuñado. Llegaron por el pasillo del medio y le tiraron la bronca. Pelearon primero mano a mano, pero después le dispararon en la pierna. Ya en el suelo, le dieron dos tiros más”, relató Asunción Vieyra, hermana de la víctima.

El cuñado Darío Torres, de 33 años, quien también presentó heridas de perdigones de bala en las dos piernas, llevó a Cisneros al hospital Centro de Salud pasada la medianoche. Allí se confirmó la muerte.

Los familiares y testigos han señalado a un vecino como el autor del hecho, con la complicidad de su banda, conocida como “La banda de Pizarro”. No había sido la primera vez que se enfrentaban. Cisneros había tenido otras discusiones con el grupo.

Los allegados al difunto contaron también que durante el día habían arrojado piedras a la vivienda, como señal de que el conflicto no había terminado pese a esa muerte. “Andan dos por aquí. Vienen y dan vueltas. Hasta se burlaron: ‘preguntale a Oscar si está vivo o muerto’, nos dijeron”, se lamentó Vieyra. “Todos los fines de semana se agarran a tiros. Si alguien los demanda al 911, se enteran y le toman bronca a los vecinos”, expresó Vieyra.

“El domingo pasado hicieron lo mismo (por las agresiones). Hice 15 llamadas al 911 y me preguntaron si había algún herido. Tenía que haber un herido para que se presentara la Policía”, dijo Mónica Cisneros, otra de las hermanas.

Personal de Infantería y agentes de la seccional 11ª realizaban un operativo a pocos metros del velatorio. “Se hizo por prevención, ante posibles festejos por el “El Gordo” Rogelio (Villalba)”, explicó un vocero de la fuerza.

Villalba recuperó la libertad a mediados de la semana, tras permanecer más de 30 meses encerrado. Cuando llegó al vecindario, fue recibido con bombas de estruendo, según testigos. La Justicia Federal lo investiga por dirigir una red de narcomenudeo en esa zona.

TRAGEDIA. Las hermanas de la víctima relatan el ataque mortal.