Pity Álvarez

“Gato” fue la última palabra en vida de Cristian Maximiliano Díaz (36). Y su última imagen fue el rostro de Cristian Gabriel Álvarez Congiú, 10 años mayor. Era “Pity”, una celebridad del rock nacional, al que provocó y desafió en medio de una discusión de madrugada que duró 20 minutos: “Si vas a tirar, tirá, gato”.

El ex líder de Viejas Locas e Intoxicados aceptó sin mayor esfuerzo el reto del “Gringo” en el playón de acceso a la torre 12 “B” del barrio Samoré, en Villa Lugano. Sacó la pistola del bolsillo derecho de su campera y el primer balazo fue a corta distancia, en la cara. Cuando la víctima cayó al piso, le llovieron cuatro disparos más, tres de los cuales le impactaron, todos en la cabeza.

“¿Qué hiciste, qué hiciste?”, le reprochó espantada a “Pity” su novia, Agustina Inbernoz (25). Ella y un amigo de Díaz, Ulises S. (37), fueron testigos del crimen, ocurrido a la 1.30 del jueves 12 de julio de 2018. Testigos de un caso que conmovió al país, del final de una vida, del final de la carrera de un carismático artista.

Después de otra noche precedida por los excesos en el consumo de drogas (pasta base, morfina, Clonazepam y un cactus alucinógeno conocido como “San Pedro”), “Pity” no tenía pensado entregarse enseguida. Se subió a su Volkswagen Polo -modelo 2001- junto con Agustina.

A los pocos metros, frente a la parada del colectivo de la línea 36, en la colectora de autopista Dellepiane y Escalada, le pidió a ella que descartara la pistola calibre .25 milímetros, marca Lorcin, en una alcantarilla. No estaba registrada ni tenía permiso para portarla.

Luego manejó 15 kilómetros hasta la avenida Rivadavia al 14700, en Ramos Mejía (La Matanza), al boliche Pinar de Rocha. Estuvo en el VIP de la disco y vio el show del cuartetero Ulises Bueno, hermano del inolvidable “Potro”. Hasta se sacó una foto con el staff del cordobés, enfundado en una llamativa campera multicolor.

En el trayecto se había desprendido de la campera que llevaba puesta al momento del homicidio y de un celular que había comprado un par de días antes.

El músico dejó estacionado el coche a 150 metros, adonde lo encontraría la Policía horas más tarde. Él se fue a lo de su novia, en William Morris (Hurlingham). Su padrastro lo convenció de entregarse en una comisaría. Ya se había subido al coche de “Pochi”, pero se arrepintió y se bajó. No se sabe dónde pasó la noche. “En la casa de unos amigos”, diría más tarde, antes de que lo esposaran.

 

Lo que sí se sabe es que se contactó con Sebastián Queijeiro, con el que había entablado un vínculo personal. “El abogado del rock”, como se promocionaba por entonces este hombre de 33 años, lo llevaría en auto, al filo de las 7 de la mañana del viernes 13, hasta la comisaría 52°, en Lugano, cuando se estaban por cumplir 30 horas del crimen.

“Era él o yo”

Vestido con remera gris, la misma campera multicolor, anteojos oscuros con marco blanco y un gorro de lana azul, “Pity” lanzó una frase ante las cámaras de TV que, a nivel judicial, resultó un ancla que lo terminó de sumergir. “Sí, yo fui el que disparé. Lo maté porque era él o yo, creo que cualquier animal haría lo mismo”, afirmó.

Antes había trascendido un audio de WhatsApp suyo, en el que se quejaba: “Por un gil, se va un terrible artista”.

El abogado dejó solo a su “cliente” y se fue a dormir, según asegura hoy el entorno del músico. Él, sin embargo lo desmiente. “¡Estuve al 100 por ciento dedicado a su tema!”, exclama.

Entonces tuvo que entrar en escena Santiago Ottaviano, quien intervino en la instrucción del caso. Ahora, en la etapa que se encamina al juicio oral, lo asiste otro defensor público oficial, Javier Aguirre.

Queijeiro, consultado por Clarín, defendió su accionar y apenas se limitó a señalar: “Voy a visitarlo a la cárcel cada dos o tres semanas, como amigo”.

¿Qué pasó después? La mamá del cantante, Cristina Congiú (69), llamó a un experimentado abogado, Claudio Calabressi (54), quien la ayudó en las primeras semanas y la acompañó en su raid mediático por los canales de TV.

“Mi hijo no es un asesino. Se sintió muy amenazado para reaccionar así”, consideró ella. Y aludió a su adicción a las drogas psicoactivas para explicar su reacción. “Siento culpa de no haber podido ayudarlo más”, se lamentó.

“Pity”, a esa altura, acumulaba un sinfín de deslices con la Justicia: tenencia de drogas, el robo de un auto a un remisero de Federación (Entre Ríos) en lo que calificó como una “broma”, una acusación por sacarle las llaves del auto y la cámara a un equipo de América TV, un disparo en una pierna a su representante Alejandro Novara (prefirió no hacer la denuncia y habló de un “accidente”) y un arresto por romperle el celular a una fan y a su madre para evitar que le sacaran una foto.

En 2016, por este último caso, la Justicia anuló su absolución por “inimputable”. La causa fue caratulada como “amenazas coactivas agravadas por el uso de armas, portación de armas fuego, daño y encubrimiento agravado”.

Al momento del crimen, “Pity” estaba paranoico. “En su departamento tenía siete cerraduras y para salir no encontraba las llaves. A quienes iban a verlo, les tapaba las cámaras de los celulares con cinta”, comentó una fuente.

Sus días en prisión

Desde aquel 13 de julio, “Pity” pasa sus días en el penal de Ezeiza, dependiente del Servicio Penitenciario Federal (SPF). Sigue alojado en el Programa Interministerial de Salud Mental Argentina (Prisma), destinado a los reclusos con problemas psiquiátricos, permanentemente monitoreado.

Dos veces por semana da clases de canto y armó un coro. Escribe cuentos, historias. “Blondie es igual, es un clon”, relata María Giovannone (39), su ex pareja y madre de su hija. Cristina, en tanto, le prepara la comida que le gusta y se la lleva, como milanesas y ensaladas.

En el Prisma estuvo con el baterista de Callejeros Eduardo Vásquez (43, condenado a perpetua por el femicidio de su pareja, Wanda Taddei, de 29 años, a la que quemó viva en 2010), quien manejaba un taller de percusión en la cárcel, en el que “Pity” se había anotado para participar. Pero cuando trascendió en la prensa que habían tocado juntos, decidió borrarse. No quiere saber nada con salir en los medios, tampoco que hable su familia sin su consentimiento.

Actualmente comparte sus días con detenidos que sufren problemas de adicción. En el mismo pabellón se encuentra Jorge Langone (43), el hombre arrestado por llevarse a su hija de 7 años sin permiso a Indonesia durante ocho meses.

Otros presos tristemente célebres con los que se ha cruzado en el Prisma son:

El anestesista Gerardo Billiris (42), sentenciado a 14 años por haber suministrado drogas, abusado y haber querido matar a una joven en 2017.

Emmanuel Ioselli (24), conocido como “Camus Hacker”, acusado de extorsionar a la nieta de Susana Giménez y otras figuras del espectáculo con videos sexuales.

Martín Ríos (40), el llamado “Tirador de Belgrano”, declarado inimputable por el absurdo homicidio a balazos del estudiante necochense Alfredo Marcenac (18), en 2006, mientras caminaba por la avenida Cabildo.

El último cumpleaños

Sus primeros meses en la cárcel los pasó completamente sedado, deprimido y con crisis de abstinencia. Su mamá temía que se suicidara y hasta habló de que “Pity” tenía “un plan” para quitarse la vida.

En uno de esos días, ella pidió que lo viera un médico debido a una molestia persistente en un oído. “Siento como que me camina algo acá adentro. Yo fumo y siento que camina”, se había quejado Álvarez. Era una cucaracha.

El 28 de junio pasó su cumpleaños 47 con medio centenar de fans afuera del penal y rodeado de la gente que nunca deja de ir a visitarlo: su madre (va tres veces por semana), su ex junto con su hija Blondie (de 6 años) y el padre César Scicchitano Tagle (55), un cura que tiene una banda de rock y que toca en las iglesias, quien se convirtió en su mejor amigo.

Con la mamá de la nena hoy la une una buena relación además de un vínculo de por vida. “Yo la llevo a Blondie a visitarlo seguido. Están en un momento de construcción muy lindo. Se los ve muy felices las horas que pasan juntos. Juegan mucho. El otro día le llevamos una torta y festejamos su cumple. La pasamos muy bien”, le cuenta la mujer a Clarín.

María va a declarar en el juicio como testigo, aunque para hablar de cómo era “Pity” con ella y con su hija. “La mamá de Cristian, Blondie y yo somos los que estamos ahí siempre”, remarca.

Su novia también suele visitarlo, al igual que el padrastro y la madre de Agustina, quien habla a menudo por teléfono con él. No es la única: también algunas de sus fans con las que conservó el vínculo.

Una de las fuentes consultadas por Clarín asegura que Álvarez es un preso “para nada conflictivo”. Sigue en el taller de música y es una versión de “Pity” totalmente distinta a la que se conoce públicamente. “Cero bardo”, grafica.

Engordó 20 kilos y duerme la mayor parte del tiempo, aunque en los momentos de visitas va al patio común y hasta ha jugado algún partido de truco en las modestas mesas y sillas de plástico distribuidas en el lugar. Actualmente está “contenido” y “sedado”. Sólo pueden ir a verlo tres personas por día, con su autorización.

El amigo César y el mismo Dios

El padre César es quien visita a “Pity” en la cárcel de Ezeiza todas las semanas -casi como un rito religioso- y que cuenta cómo vive el músico dentro del penal desde hace un año.

Recuerda con lujo de detalles el momento en que conoció a quien hoy es su “hermano de la vida”. Cuenta que fue “El Negro” García López quien los presentó allá por el 2006 a la salida de un show del “Pity”.

“Nos dimos un abrazo y me dijo: ‘No sé si creemos en el mismo Dios, pero para mí Dios es lo que me ilumina’. Yo le respondí que para mí también Dios significa eso. Charlamos un rato y quedamos para juntarnos otro día. Cuando nos volvimos a ver ya sentía que éramos amigos desde siempre”, repasa el sacerdote.

La razón del crimen y un futuro complicado

“Él era un pibe que choreaba”, declaró a la prensa “Pity” sobre “El Gringo” Díaz, quien tenía una condena por robo. En la causa a cargo del juez nacional en lo Criminal y Correccional N° 4, Martín Yadarola, consta que el cantante le recriminó a su víctima el robo de una mochila cuando la víctima lo llevó a una villa a conseguir droga.

“Vos sabés quién soy, te acordás de mí, te acordás cuándo yo te llevé a la villa, vos dijiste que te faltaban cosas en la mochila y yo no soy rastrero”, le advirtió Díaz al “Pity” mientras se golpeaba el pecho. Hasta entonces había estado ingiriendo bebidas alcohólicas, sentado en un banco, junto con un amigo. Enseguida hizo el ademán de tirarle el cabezazo y le lanzó la segunda frase provocativa, la que terminaría con el resultado fatal.

“El Gringo” no vivía en las torres de Lugano. Había ido a visitar a una hija. Tres de las cuatro balas que le acertó “Pity” quedaron en su cuerpo: una en el hombro derecho, otra en el malar derecho y una tercera en la región posterior de la nuca. Sólo una tuvo orificio de entrada y de salida.

Según el informe del Cuerpo Médico Forense, Álvarez es poliadicto y sufre trastorno de personalidad. Pero, al mismo tiempo, ratificó que era consciente de sus actos cuando mató a Díaz.

En un principio, su entorno intentó instalar que “El Gringo” tenía un cuchillo y que “Pity” actuó “en legítima defensa”. Pero esto quedó rápidamente descartado cuando Inbernoz se presentó en la comisaría 52° y, sin la asistencia de ningún abogado, declaró tal cual había sucedido el homicidio.

“El causante escogió un medio idóneo para tal fin (el arma de fuego que llevaba consigo, cargada con la munición pertinente), y efectuó una cantidad de disparos contra Díaz que consideró necesarios para terminar con su vida, direccionándolos todos hacia un especial sector de su cuerpo (la zona del rostro y la cabeza) que hubiese impedido de cualquier modo a la víctima evitar su muerte, salvo, claro está, una extraordinaria situación fortuita ajena a la voluntad del imputado”, señala el procesamiento.

En el fallo de Yadarola se descartó la agravante por alevosía, que hubiera implicado una posible condena a perpetua. “Más allá de que la víctima se encontraba desarmada al momento de recibir los disparos, no se ha acreditado que el imputado haya ideado y buscado en aquél una situación de indefensión, pues en este tipo de delitos no puede tenerse como elemento decisivo sólo la ausencia de riesgo para el imputado”, indica el juez, que le trabó un embargo de un millón de pesos.

La familia de “Pity” contrató al prestigioso Mariano Castex como perito de parte. En su informe, señaló que el imputado no comprendió la criminalidad de sus actos y que requería un tratamiento por su poliadicción.

El músico está imputado por el delito de “homicidio agravado por el uso de arma de fuego”. El juicio, según estiman sus allegados, podría comenzar en septiembre u octubre próximo.

La pena básica del homicidio es de 8 a 25 años. La posibilidad de agravar esa pena por el uso de un arma de fuego hace aumentar esos montos en un tercio del mínimo y del máximo (artículo 41 bis del Código Penal). Es decir, si lo condenan podría caberle un mínimo de 10 años y 8 meses, o un máximo de 33 años y 4 meses.

Burlando, el abogado

La familia de Díaz tiene un abogado que conoce a la perfección esto de manejarse en el mundillo mediático: Fernando Burlando (54). En diálogo con Clarín, anticipó cuál será el pedido de condena: “Seguramente vamos a pedir una pena que ronde los 20 años, casi con seguridad”, dijo.

Además, relativizó el hecho de que “El Gringo” tuviera antecedentes penales.  “En este tipo de instancias, obviamente el bien jurídico protegido por la ley es la vida humana, si el pibe era ladrón, estafador o cura párroco, la incidencia de un hecho de estas características es mínima”, comparó.

Para el abogado, fue “una instrucción rápida y prolija”, sobre todo por “la contundencia probatoria en contra de Álvarez”, por lo que resumió: “Entiendo que se va a arribar a un veredicto condenatorio”.

El apoyo de sus colegas

El músico también ha recibido el apoyo de varios músicos, como Andrés Calamaro, Fito Páez, Juanse y Gustavo Bazterrica. El ex Ratones Paranoicos le mandó un mensaje a través de este diario:

“Yo tengo la posibilidad de verlo, junto al padre César vamos cuando hay oportunidad. Mi mensaje es el que le doy siempre que lo veo: brindarle el apoyo y que el paso del tiempo haga el resto, que tenga todo una solución en algún plazo. Lo mejor, y siempre haciendo hincapié en su talento y en la forma que ha llevado adelante su música, que eso es lo importante y por lo cual estamos hablando. Te mando un beso, Pity”.

El ex tecladista y voz de Los Abuelos de la Nada, en tanto, le envió una carta para su reciente cumpleaños, según publicó el periodista Rodolfo Palacios en Infobae. “El que resiste, gana. Aguantá, querido”, le dijo y concluyó: “Somos Pity todos los días”.