Por estos días, la vida de Marcelo Tinelli (58) se divide y apunta a varios frentes. En algunos está más encaminado y en otros apuesta a futuro. La preparación del Súper Bailando 2019 lo tiene atado. Será un año distinto porque festejará los 30 años del programa que lo llevó a la fama. En menor medida, si hablamos de importancia, aparece su querido San Lorenzo.

 

El equipo no logra despegar del fondo de la tabla en la Súper Liga y, si bien quien se encarga del fútbol es su presidente, Matías Lammens, como hincha fanático y en parte responsable también de la gestión, no deja de estar atento a lo que sucede con el Cuervo. En tercer plano aparece la política. A mediados del año pasado se probó el traje y hasta metió los pies en el barro como una forma de medirse con la gente. Tener una vara para saber en qué lugar está parado y si el cariño que le tienen los televidentes le alcanza para meterse en un mundo hostil. En junio de 2018, las encuestas hablaron por sí solas: alrededor de un 80 por ciento afirmaba que no lo votaría como presidente.

Ese número frío no lo detuvo. Continuó adelante y habló de una apuesta a futuro lejano que, a 8 meses de aquella vez, está más cerca que nunca. Por lo pronto, la política social ocupa un lugar preponderante en su agenda. ¿Está dispuesto a jugar en las elecciones de este año o se lanzará de lleno recién en 2023? Esa es, justamente, la alternativa que maneja Tinelli. Los tiempos no pasarían de ahí. Sin ir más lejos, a fines del año pasado hizo un curso intensivo en ciencias políticas con un profesor de la Universidad Di Tella para empaparse de contenidos políticos. En pleno marzo de un año electoral, Marcelo brinda su punto de vista y divide aguas. La semana pasada, en pleno ascenso del dólar, apuntó contra el gobierno de Mauricio Macri.

A la pasada, también atendió a Cristina Kirchner. “Son dos caras de la misma moneda. Los dos tienen picado el boleto. Ellos se necesitan y estamos enfrascados en eso, sin buscar una tercera fuerza”, explicó mientras realzó la figura de Roberto Lavagna. “La grieta nos metió a todos adentro, es un juego perverso y estamos cada día más complicados. No es algo personal con el presidente, con quien tengo buena relación, tampoco con Cristina, con quien no tengo relación”. Por lo pronto, y mientras habla de alternativas, el lunes 11 Marcelo se juntó a comer con Lavagna.