Transitando los primeros días de agosto, cuando aún le quedan por recorrer casi cinco meses completos, es probable que 2019 haya entregado ya la mayor sorpresa del año a nivel mundial. En todo el planeta, sin exageraciones. Al fin y al cabo, pocos (¿nadie?) hubieran imaginado que Ricky Martin entraría al segundo semestre –al famoso segundo semestre, que en algunos lugares parece llegar con buenas noticias en serio– convertido en un líder político que encabezaría movilizaciones callejeras multitudinarias y, de alguna manera, “derrocaría” un gobierno.

Pues bien, lo inesperado sucedió y el cantante, tan famoso en su país, Puerto Rico, como en el resto del “mundo de habla hispana” y de los Estados Unidos se puso al frente de la suerte de revolución que sacudió la isla y es hoy un hombre que parece encaminado a sentarse a la misma mesa que Vladimir Putin, Donald Trump y Angela Merkel, sin dudas los ocupantes del podio de personas con mayor poderío político de la tierra.

La historia es larga y compleja, pero vamos a resumirla para que se entienda fácil. Puerto Rico es una isla centroamericana que si bien tiene autoridades propias depende política y económicamente de Estados Unidos, el vecino todopoderoso y siempre presente en su vida diaria. De hecho, es un “estado asociado” al “gran país del norte”, algo que siempre generó en sus habitantes la discusión en cuanto a si tienen más ventajas financieras o más perjuicios políticos, como no poder decidir sus cuestiones con independencia.

Su capital es San Juan, su población bordea los 4 millones de habitantes (se calcula que en Argentina hay radicados unos 200), su idioma oficial es el castellano y a los nacidos en su territorio se los conoce como “boricuas” (“los que comen cangrejos”, según algunas acepciones). La enorme mayoría profesa la religión católica y sus costas están salpicadas por el frío océano Atlántico y por el cálido mar Caribe, lo que le provee hermosas y concurridas playas.

Ricky Martin deja su carrera musical para… ¿convertirse en político? 1

No se destacan en el fútbol pero sí en el boxeo, donde han dado grandes campeones mundiales, como Tito Trinidad y Héctor “El Macho” Camacho, y en el béisbol: sus peloteros suelen regar de talento los estadios de la multimillonaria Major League Beisbol yanqui. También dio grandes artistas, reconocidos en todo el mundo. Uno de ellos es Ricky Martin.

Puerto Rico no tiene presidente, sino un gobernador que depende, sí o sí, del visto bueno de Estados Unidos. Si en Washington le bajan el pulgar no hay Dios que lo haga resistir. Así de sencillo y así de contundente.

Ricardo Rosselló venía llevando una gobernación sin grandes sofocones hasta que trascendieron una serie de chats con otros funcionarios y políticos donde se burlaban y ridiculizaban a opositores, artistas y miembros de la comunidad LGBTI. La reacción fue espontánea.

Ricky Martin se puso al frente y convocó multitudes en las calles de San Juan. Se propuso reunir un millón de personas (el 25 por ciento de la población) y algunos arriesgan que lo consiguió.

La presión se hizo enorme y asfixiante, y Rosselló, ya sin sostén externo, pidió disculpas y dimitió, lo que generó la enfervorizada celebración de las muchedumbres.

Sin embargo, el triunfo le generó un dilema a Ricky de cara al futuro: ¿debe capitalizar el logro político y su popularidad, como le piden sus seguidores, para hacer de Puerto Rico un estado definitivamente libre y poderoso, o como le aconsejan sus managers tiene que seguir su carrera como uno de los intérpretes más exitosos en esta parte del mundo? Por ahora cantó victoria. Veremos cuáles son sus próximas canciones.

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