“Dame una monedita”, repetía una y otra vez a persona que se le cruzaba. Raúl Artaza conocido por todos como el “Gordo Moneda”, “Raulito” o “Monedita” dejó las calles tucumanas. Sus vecinos lo confirmaron “ha fallecido el Gordo Moneda”.

Fue un personaje urbano que recorrió el microcentro pidiendo dinero, “porque necesitaba plata”, decía. En un entrevista que dio hace un tiempo largo contó que él estaba buscando trabajo. “El hombre monedita anda pidiendo bien moneda”, señalaba.

Y remarcaba que si una persona le daba euros o dólares, él no los recibía, pero sí la moneda de dos pesos, lo particular es que hace nueve años atrás no existía esa plata.

De niño

Blanca y Raúl eran vecinos de Raulito, “tenía siete años. La abuela se llamaba o se llama Rosa. Era empleada doméstica de la casa y en el fondo los patrones tenían una casa-habitación donde vivía Rául. Desde chico, cuando él estaba mal era agresivo. Esas cosas tenía cuando no le daban su medicación”, relata Blanca, en El Tucumano y sostiene: “era bueno”.

“Nunca ha tomado bien su medicación. Y al no alimentarse bien, se ha dejado estar. Las veces que Raúl lo ha bañado, lo cambiaban, lo dejaban como nuevo. Como se llaman igual, Raulito le decía: ‘¡Eh, Raúl! ¿Cuándo me vas a bañar?’ Se dejó estar y lo agarró el colesterol. A él le encantaba tomar gaseosa. Cuando venía con plata me pedía una Coca Cola. Yo le decía: ‘Tomá sin azúcar, Raulito’. Después ponía una manteca entera entre dos panes como si fuera queso y glum: se lo comía. Nunca se cuidó”, contó Blanca.

Sus vecinos supieron que Raulito estuvo un tiempo internado en el Obarrio. También que había estado en el Centro de Salud, pero se escapó. “Las últimas noches las durmió en la parroquia San Gerardo de la avenida Alem. La última vez tenía muy mal la pierna. Tomaba ibuprofeno y le calmaba el dolor, entonces le decía a Raúl: ‘Decile a la Blanca que me dé ese remedio que me ha calmado el dolor’. Pero después se le fue empeorando”.

“Raúl era un chico de la calle. A veces le teníamos mucha lástima. Lamentablemente tenía problemas. A veces se extraña hasta la manera de retar que tenía. Venía al almacén y cuando me retaba, yo le decía: ‘¡Raúl! ¡Portate bien!’”, cerró Blanca.