Brasil

Dilma Roussef reacciona ante cacerolazos y crecientes pedidos de destitución

Crisis en Brasil. La presidenta sufrió una masiva protesta espontánea mientras anunciaba por cadena medidas de ajuste fiscal. El domingo, fecha clave.

109   10/03/2015 Gastón Banegas

Al día siguiente de unos masivos cacerolazos en respuesta a sus anuncios de ajuste fiscal, la presidenta brasileña Dilma Roussef advirtió que si bien esas protestas son parte de la democracia, las próximas manifestaciones, que exigen su renuncia o su juicio político, no deben intentar una “ruptura democrática”, que la sociedad brasileña no aceptaría. A medida que se profundizan tanto la crisis económica como las investigaciones de corrupción en la petrolera estatal Petrobras, crece el reclamo de “impeachment” en amplias franjas de las clases medias urbanas que votaron contra Rousseff en las presidenciales del año pasado. Por esto, ayer Dilma habló de un “tercer turno electoral, que no existe” y no puede suplantarse con maniobras para lograr su destitución.

El domingo a la noche Rousseff volvió a conocer los abucheos, como en 2013, cuando el país se vio sacudido por una ola de protestas contra los aumentos de tarifas públicas y los gastos enormes en estadios de fútbol para el Mundial de 2014. Ahora los brasileños salieron a hacer sonar sus cacerolas y los automovilistas sus bocinas en vastas regiones del país, mientras la mandataria defendía en cadena nacional el drástico ajuste fiscal con que inauguró su segundo gobierno. Según analistas, estas protestas son apenas un aperitivo de lo que promete ser, el domingo venidero, una manifestación convocada para exigir su renuncia. “El gobierno debe prepararse para algo mayor e imprevisible”, advirtió el analista del diario Folha de Sao Paulo Igor Gielow, quien consideró la manifestación del próximo domingo un hito “de la crisis que drena el Planalto (sede de la Presidencia) desde la reelección” de Rousseff. Según el columnista, “lo que se vio en la noche del domingo pasado fue una impresionante manifestación pública de rechazo” a la presidenta, al tiempo que revivió el “fantasma” de las protestas de 2013. El rechazo a la presidenta ya había sido esbozado el mes pasado, cuando una encuesta reveló que la popularidad de Rousseff cayó 21 puntos entre diciembre y febrero, a 23 por ciento.

El cacerolazo fue organizado a través de las redes sociales y ocurrió en forma simultánea al discurso de la presidenta, quien dijo que la crisis económica es “pasajera” y pidió “paciencia y comprensión” a la población para enfrentar los efectos del ajuste fiscal los cuales, afirmó, son “soportables”. Pero el discurso en el que Dilma pedía sacrificios tenía como trasfondo la divulgación reciente de los nombres de 47 políticos, casi todos oficialistas, acusados de beneficiarse con millonarios desvíos de fondos de Petrobras. La Justicia avanza a paso firme. En la lista de imputados aparecen cinco ex ministros de Dilma Rousseff, entre ellos su ex jefe de gabinete Antonio Palocci. También son investigados los titulares de las dos cámaras del Congreso, ambos de un partido aliado del gobierno.

Marcha en ciernes. En este clima se prepara la manifestación del domingo venidero en la que se reclamará la destitución de Rousseff. Ayer, en una ceremonia en la que firmó una ley contra el “femicidio”, una Dilma claramente crispada respondió al periodismo. Dijo que la sociedad no aceptará un “tercer turno electoral”. La sociedad no admite “rupturas democráticas” remarcó, “está madura y no aceptará” esa opción. Preguntada sobre los cacerolazos y bocinazos, respondió, como ya había hecho en 2013, que las protestas eran parte de las “reglas democráticas” y como tales las acepta. Pero insistió con la figura del “tercer turno electoral”, para señalar que hay gente que no ha aceptado su triunfo en el ballottage presidencial ante el opositor Aécio Neves, el 26 de octubre pasado. Dilma venció ajustadamente por 51,62 por ciento contra 48,38 por ciento de Neves. Fue el ballottage más ajustado de los cuatro que han ganado los presidentes del Partido de los Trabajadores (dos Lula y dos Dilma) desde 2002. “La elección terminó. Hubo un primer y un segundo turno. Un tercer turno de las elecciones no puede ser, salvo que usted busque una ruptura democrática”, respondió al periodista que le preguntaba sobre el “impeachment”.

TEMAS:
LE PUEDE INTERESAR
COMENTAR
ÚLTIMAS NOTICIAS