Inundación

Las casas de 10 familias quedaron sin techo en el sur

En Alpachiri la tormenta fue tan fuerte que derribó árboles en las rutas, en los caminos vecinales y en las calles del pueblo. Temor por las deforestaciones

284   27/02/2015 Rogelio Parolo

El temor a sufrir otra inundación mantuvo en vela durante la madrugada de ayer a miles de pobladores de Río Chico, de Santa Ana, de Alberdi y de La Cocha. La intensa y prolongada lluvia que empapó la provincia causó la crecida de ríos, arroyos y canales que, afortunadamente, no salieron de sus cauces. “La lluvia no nos dejó descansar, tampoco el río, que parecía que en cualquier momento desbordaba. Varios de nosotros nos turnamos durante la noche para vigilar si el caudal aumentaba. Teníamos que estar atentos” comentó Carlos Toma, de la Colonia 1 de Santa Ana. “La vez anterior (por la inundación de principios de febrero) el agua nos dejó casi con lo puesto. Todavía no nos podemos recuperar. De ahí el miedo a perder lo poco que nos quedó” apuntó.

En Alberdi, empleados de la Municipalidad patrullaron los barrios ubicados al norte de la ruta 38, que fueron los más afectados hace tres semanas. El intendente Luis Campos confirmó que no fue necesario evacuar a nadie.

En Alpachiri la historia fue diferente. Ayer, trabajadores de la comuna y de Vialidad de la Nación trabajaron sin descanso para despejar de la ruta 65, los caminos vecinales y los paseos públicos de los árboles derribados por la tormenta que golpeó esa localidad el miércoles por la tarde. El meteoro, que se desató con una fuerte ráfaga de viento, granizo y lluvia, dejó sin techos a unas 10 familias de esa comunidad, de La Calera, de Piedra Grande y de Monte Bello. Además, el pueblo quedó a oscuras durante varias horas.

“Fue como un tornado; nos dio mucho miedo, porque vino acompañado con granizo y una lluvia torrencial. Todavía está en nuestra memoria una tormenta igual que se produjo hace unos 10 años”, recordó Carlos Ruesjas.

Este y otros vecinos dijeron que temen que tormentas tan fuertes como la del miércoles puedan estar vinculadas a la tala de árboles en la zona boscosa de Cochuna. “La tala de árboles está descontrolada. A pesar de que está prohibido, existe una zona roja en la que todos los días se tiran abajo distintas especies que, luego, son convertidas en madera en el mismísimo pie del cerro”, denunció.

“Si nadie vela por el cuidado de nuestro ecosistema, no nos tenemos que sorprender si empezamos a tener problemas graves como los Córdoba y otras provincias deforestadas” sostuvo, por su parte, Ceferina Valdez. En esta localidad, el Gobierno entregó chapas, colchones y mercadería a los damnificados.

Protestas
La ruta nacional 38 se transformó ayer en un caos a causa de las protestas que protagonizaron damnificados por las inundaciones de principios de mes en Río Chico y en La Cocha. En la primera de las comunidades, unas 50 personas de ese pueblo y de la Colonia 1 de Santa Ana cortaron el tránsito a la altura del puente que cruza el río Chico; reclamaron ayuda del Gobierno para recuperar lo que perdieron.

En el paraje La Salvación (La Cocha) protestaron los damnificados por una reciente inundación que afectó a comunidades ubicadas a orilla de la ruta 334 (que conduce a Taco Ralo). Exigieron obras de infraestructura en los arroyos La Posta y El Sueño, que desbordan habitualmente y los dejan bajo el agua.

Lo mató un árbol caído por la tormenta

Eran baldazos de agua lo que caía del cielo. Ya era tarde, casi las 22 del miércoles, cuando la lluvia empañó de repente el parabrisas. No iba solo por la ruta 9, el tránsito de sur a norte era fluido. Había otros autos, por adelante y por detrás de su camión Scania, cargado de colchones. Pero fue justo en el kilómetro 1.280, a la altura del puente del Bajo Grande, por donde él pasaba, que un enorme eucalipto, de los muchos que hay por el camino, cayó derribado por los azotes de la tormenta. Una gruesa rama atravesó el vidrio del parabrisas y le pegó en la frente.

El conductor perdió el control del volante, resbaló por la banquina varios metros, arrastrando consigo el árbol y abolló tres veces el guardarrail antes de quedar mirando a contramano. Franco Edgardo Valdez todavía estaba vivo.

Otro conductor, Gustavo Plaza, se acercó al joven de 27 años. Le preguntó dónde vivía (en El Cortaderal, Leales). Le pidió el número para llamar a su casa y avisó a la ambulancia. “Tardó casi una hora en venir. Pero él estaba todavía consciente, sentado, aunque muy golpeado en la cabeza y en la cara”, contó a LA GACETA el solidario conductor. “Su sobrino, el acompañante con el que viajaba, estaba mucho mejor”, agregó. Valdez falleció ayer, a las 2 de la mañana, en el Hospital Padilla. “Aquí con cada lluvia se caen uno o dos árboles. A veces a los costados, otras veces sobre la ruta, como esta vez”, denuncia Mario Suárez, de Bajo Grande, mientras espera el colectivo que lo llevará al sepelio de Valdez. “¡Mire cómo están esos árboles, todos secos, dentro de esa laguna que quedó con la lluvia”, comentó César López, otro vecino de la zona.

“La tormenta fue muy fuerte, pero no voló techos ni dejó evacuados en este lugar, ya tenemos el informe de Defensa Civil ”, sostuvo un oficial de la comisaría de San Andrés, cerca de donde ocurrió el accidente. Ayer por la mañana, obreros de la empresa encargada del mantenimiento de la ruta levantaban los pedazos de troncos esparcidos por el camino.

“Lo que hay que hacer es sacar todos esos árboles que se están por caer porque puede ocurrir otro accidente en cualquier momento”, se quejó López.

El joven transportista llegó al Padilla con politraumatismos y trauma encéfalo craneal. “Lo que le pasó a este chico le podría haber pasado a cualquiera, fue una ruleta rusa, los árboles son muy altos y viejos, están secos y tienen las raíces podridas. Se van a caer en cualquier momento”, advirtieron los vecinos de El Bajo Grande. A los costados de la ruta ayer por la mañana aún quedaban trozos de árboles esparcidos junto a los restos del camión.

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