“Un día llegamos a casa y en el contestador había una puteada fenomenal de Néstor Kirchner”

400   28/05/2016 Rogelio Parolo

Diego: El primer acontecimiento histórico que yo viví trabajando como periodista fue la muerte de Néstor Kirchner. Ese día estaba haciendo gimnasia en casa porque en ese momento colaboraba con Noticias, todavía no era empleado efectivo, y empecé a escuchar el rumor de que Néstor se había muerto. Yo tenía un amigo de la revista, Nicolás Diana, que estaba en Río Gallegos haciendo una nota sobre los hoteles del matrimonio y el día del censo nacional, que era feriado, en lugar de quedarse durmiendo hasta tarde en el hotel fue con el fotógrafo a la puerta de la casa de Néstor y Cristina para tratar de entrevistar a la persona que los había censado. Era una idea de nota bárbara. Siempre le digo que tuvo suerte pero también mucho olfato periodístico. Estar en la puerta de la casa cuando Néstor murió era algo increíble, que no se puede atribuir por completo a la suerte.

Alfredo: Como se suele decir, cuando llegue la inspiración que te encuentre trabajando. Recuerdo que el día del funeral yo estaba en la radio y había cientos de personas en la puerta esperando para entrar en la Casa de Gobierno a despedirlo. La fila pasaba por la puerta de Continental, en Rivadavia al 800, y llegaba hasta 9 de Julio. Había muchísima gente. Durante el programa leí una columna en la que decía básicamente lo que pienso hoy sobre los dos primeros años de Néstor Kirchner: que fueron lo mejor de la democracia hasta que Lavagna se fue del gobierno, y que ahí empezó la decadencia. Pero también dije que Néstor había sido un presidente autoritario, hablé de la corrupción y de que la muerte no hace buenas a las personas. Lo dije con respeto porque respetaba el dolor de sus seguidores pero cuando terminamos el programa con Fernando Bravo senos acercaron los guardias de la puerta y nos dijeron que no saliéramos. Había como trescientos hombres con capuchas, bombos y palos al grito de “que suene el bombo, que suene el tamboril, que Fernando Bravo y Alfredo Leuco se tienen que morir”. Habían tirado huevos y pintado el frente de la radio con aerosol con frases como “Golpistas”, “Magdalena gorila”, “Bravoy Leuco fascistas”. Al final salimos custodiados por la policía pero me sentí muy mal por tener que pasar de ese modo frente a esas personas que nos gritaban todo tipo de barbaridades. Era muy doloroso y jamás lo olvidaré porque, como vos decís siempre, a mí no me devolvieron ni un cheque en mi vida. Jamás tuve el menor problema con la policía, con la justicia, con los impuestos, con nada. Por eso el kirchnerismo no pudo encontrar nada en mi contra, ni siquiera investigándome con la SIDE y con la AFIP.

Diego: Yo me enteré de la muerte y ni esperé a que me llamaran de Noticias, me fui volando a la redacción. Me acuerdo de la cobertura con Nico Diana transmitiendo desde Santa Cruz y nosotros trabajando en los alrededores de la Casa Rosada mientras se armaban los preparativos del velorio. Fue mi primera cobertura de emergencia, y yo empecé a trabajar fuertemente en política después de ese episodio. En Noticias ya había hecho algo de política, de hecho mi primera nota fue con Ricardo Jaime, pero después, por la propia dinámica de la redacción, como en política había mucha gente y había menos en información general, yo era una especie de redactor volante que escribía en todas las secciones. Mi pase definitivo a política lo pedí después del crimen de Candela, del que hice una cobertura muy grande, de cuatro o cinco tapas seguidas porque conseguí entrevistas en exclusiva con la mamá y después con el papá desde la cárcel. Hacía rato que lo venía pidiendo y luego de esa seguidilla de tapas, me lo dieron.

Alfredo: Para mí fue un momento de quiebre social. Durante los primeros años de su gobierno yo había tenido muy buena relación con Néstor, lo veía en su casa, en la Casa Rosada, hablábamos mucho de política, intercambiábamos ideas. También tenía muy buen trato con Cristina porque era senadora. Era una mujer inteligente y bonita, y en términos televisivos rendía bien. Hay una anécdota graciosa que conté en el prólogo de Juicio y castigo y que se convirtió en una broma familiar porque me permite decir que me peleé con los Kirchner por vos. Cuando el tema de los hielos continentales empezó a sonar muy fuertemente, yo fui a Calafate a hacer una nota y los llevé a vos y a tu mamá conmigo. Ahí le hice una entrevista a Cristina, que salió vestida muy abrigada con un sacón de cuero y con un sombrero de cowboy, y el glaciar Perito Moreno de fondo. Néstor, que en ese momento era gobernador, nos invitó a almorzar en su residencia. Fuimos los tres y junto con ellos estaban Máximo, Florencia y todo el gabinete, incluyendo a Julio De Vido, Carlos Zannini y Ricardo Jaime. Todos le tenían un respeto reverencial, casi pánico, a Néstor. Silvana tenía buen olfato y nunca los quiso, vos eras muy chico, tenías unos diez años, pero yo tenía simpatías hacia él porque se había convertido en antimenemista pese a que había compartido siete veces la boleta electoral con el riojano. En un momento, mientras hablábamos de política, se hizo un silencio y vos le dijiste: “¿Sabés a quién te parecés vos?”. Todos se cruzaron miradas incómodas, yo me puse nervioso y Néstor, haciéndose el simpático, te respondió: “Ya sé. Me parezco a Tristán. Una vez iba caminando por Corrientes y unas personas me pidieron que les firmara autógrafos y les escribí Tristán”.

Diego: Yo no tenía la menor idea de quién era Tristán pero miraba el programa de Marcelo Tinelli donde Miguel Ángel Rodríguez hacía una imitación del doctor Socolinsky. “No”, le dije, “vos te parecés al doctor Socolinsky”. Desde ese momento siempre me cargaste con que tengo la culpa de que los Kirchner te odien tanto.

Alfredo: Yo empecé a tener problemas con ellos después de que llegaron a la Casa Rosada. Antes había firmado una solicitada a favor de Néstor —de hecho fui el único periodista que lo respaldó públicamente— porque tenía mucho miedo de que ganara Menem. Pensaba que eso podía llevar a una situación de violencia en la Argentina. No era habitual en mí pero firmé esa solicitada y él me consideró una especie de militante. Creo que fue un error mío porque cuando empecé a tomar distancia y a criticarlo se enfureció. Todo se precipitó en octubre de 2006 cuando escribí una columna de opinión en La Nación titulada “Libertad de prensa de baja intensidad”. El matrimonio de Clarín y el gobierno todavía era perfecto. Después me acusaron de que Magnetto me pagaba pero yo me peleé con Kirchner antes que Clarín. Yo veía que había niveles de autoritarismo muy altos, que no toleraban una sola crítica. Como él me consideraba un amigo lo sintió como una traición. Recuerdo que un día llegamos a casa y en el contestador había una puteada fenomenal de Néstor.

Diego: El presidente puteando a mi papá. Yo tenía catorce o quince años y me acuerdo de que fue una situación muy difícil para mí. Vos discutías todo el tiempo con los funcionarios que te llamaban pero esto era diferente. Poco antes, en 2003, habíamos hecho un simulacro de votación en el colegio y yo fui el único de todos mis compañeros que había votado a Néstor. A mí me empezaba a interesar mucho la política y al mismo tiempo en mi casa sonaba el teléfono y era el presidente insultando a mi viejo. Es algo que me marcó mucho. Ahora me da orgullo pero en ese momento me daba un poco de miedo.

Alfredo: Ese llamado fue un dato anticipatorio de todo lo que pasó después. Al igual que Menem, que nos censuró, Kirchner presionó para que América levantara Fuego cruzado, que hacíamos con Marcelo Longobardi, a raíz de una investigación sobre los fondos de Santa Cruz. A partir de ese momento yo tuve una posición cada vez más crítica y más dura, y ellos también la tuvieron hacia mí. Con el tiempo me di cuenta de que no era una cuestión ideológica sino personal. La lógica era muy clara: los Kirchner creían que actitudes como la mía eran una falta de agradecimiento y la devolvían con maltrato público.

De tal padre, tal hijo

Alfredo: Una de las cosas por las que con tu mamá no queríamos que fueras periodista era para evitarte todos los sinsabores que yo había vivido durante mi carrera. Durante los años del kirchnerismo, sobre todo a partir de 2006, padecí ataques de todo tipo. Había blogueros que se dedicaban exclusivamente a insultarme; 678 y otros programas del estilo me acusaban de golpista y de otras cuestiones absurdas, y en la calle me puteaban todo el tiempo, algunas veces de manera muy fuerte.

Diego: El gobierno todo el tiempo intentaba equiparar roles e insistía en que era lo mismo la crítica de la prensa hacia el gobierno que el ataque del gobierno a la prensa. En una de las épocas más virulentas del kirchnerismo íbamos caminando por la calle y no faltaba algún energúmeno que te gritara “Devolvé a los nietos”. Me acuerdo de que una vez estábamos saliendo del cine en un shopping de Caballito vos, mi mamá y yo, y una señora se nos acercó y te dijo “Gorila hijo de puta, ojalá te mueras de cáncer”. Una locura. […] Otro momento de muchísima violencia verbal fue cuando criticaste al Papa por primera vezy vivimos un hostigamiento como nunca habíamos visto antes. Por suerte después el propio Francisco te llamó y calmó los ánimos. Pero fueron dos o tres días tremendos. Con los años me di cuenta de que me dolía mucho más cuando te lastimaban a vos que cuando me pegaban a mí.

Diego: […] Yo comencé a trabajar de periodista ya con el kirchnerismo en el poder, siempre había vivido ese clima de confrontación porque solo había hecho periodismo con las reglas del juego K. Por eso cuando empecé a trabajar parte de mi motivación era luchar al lado tuyo, y eso también explica por qué utilicé el apellido Leuco. Entre otras cosas, yo quise ser Leuco para acompañarte, para que no siguieras solo en la pelea. En una carta que te escribí por tus sesenta años te decía que Los Leuco se hace espalda con espalda y me referí a que muchas veces sentí impotencia ante la manera en que te trataban. Vos tenías cruces muy fuertes con políticos y con otros periodistas, y yo sentía que no podía hacer nada, que no podía ayudarte. Empezar a trabajar de periodista y firmar como Leuco, y no como Lewkowicz, era, entre otros motivos, una manera de ayudarte a pelear contra una injusticia fundacional, la de un Estado atacando a alguien que no tenía ningún tipo de espalda para bancar esas agresiones. En ese momento vos facturabas en Perfil, tenías un contrato temporal en Radio Continental y en el cable comprabas el espacio.

Alfredo: Yo no estaba en relación de dependencia en ningún lado, y ninguno de los medios en los que trabajaba tenía nada que ver con Clarín. Sin embargo me acusaban de estar pago por Héctor Magnetto. Yo nunca tuve pauta oficial y encima el gobierno nacional presionaba a los empresarios privados para que no me pusieran publicidad en ningún programa. De hecho, cuando Cristina Kirchner ganó la elección de 2011 con el 54 por ciento de los votos, mi socio me dijo que se volvía a Rosario porque estábamos perdiendo plata en el cable. Yo vivía de la radio pero en la televisión íbamos a pérdida porque los empresarios tenían miedo.

Diego: Para mí era muy fuerte verte a vos solo, cuentapropista, un autónomo total, en una posición de debilidad ante la maquinaria estatal y el aparato de hostigamiento que se había montado.

Alfredo: Contra mí y contra un montón de colegas.

Diego: Sí, pero yo lo padecía con vos. Nunca antes te dije esto pero cuando empecé a hacer periodismo tuve una sensación maravillosa de compañerismo, de poder luchar juntos contra esa injusticia. Ya no era un Leuco solo, ahora éramos dos.

Alfredo: ¡No sabía eso! Lo del apellido lo conversamos con tu mamá. Nosotros creíamos que no tenías que llamarte Leuco porque ibas a cargar con toda la bronca que tenían conmigo.

Diego: Yo lo decidí íntimamente por eso, de hecho. No podían contra uno, menos iban a poder contra dos. Además había un Lewkowicz en Página/12 y yo no quería que me identificaran con él, tengo un apellido tan particular y ni siquiera iba a ser el único. Pero mi decisión tuvo que ver sobre todo con vos. Yo soy tu hijo, qué me importaba que se supiera. Nunca tuve complejos con eso ni con cargar con las puteadas que te tenían como destinatario. De hecho, la primera nota que firmé en Noticias la mandé desde casa sin mi nombre y salió publicada como una nota de Diego Leuco. Nadie me preguntó nada. Yo era el hijo de Leuco, me llamaba Diego, salió así y no había motivos para que fuera de otra manera. En el colegio siempre me habían llamado Leuco, a tu hermana también le dicen Leuco. Leuco era parte de mi vida, no era una cosa rara, y encima me daba la satisfacción íntima de estar en el mismo campo de batalla que vos, en la misma cancha jugando del mismo lado.

[Extracto de Cuidate, Changuito. Confesiones de padre a hijo, Alfredo Leuco y Diego Leuco, Sudamericana, 2016]

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