90 años del galan de ojos azules, Paul Newman

1151   27/01/2015 Gastón Banegas

Tenía los ojos más azules y bellos del cine, un rostro de Apolo y el cuerpo tallado de una escultura, atributos más que suficientes para ubicarse en un sitio de privilegio en el firmamento de las estrellas. Pero, además, tenía una sutil inteligencia, una capacidad de hacer creíbles cada uno de sus personajes (incluso aquellos diametralmente opuestos a su imagen de tipo exitoso), un aspecto de “buena gente” imposible de fingir y un impecable archivo personal en el que no aparecía ni siquiera un escándalo. Sí, claro, esa descripción no podría ajustarse a otro que no fuera Paul Newman.

Hoy el hombre de esos ojazos azules que, curiosamente, era daltónico, festejaría 90 años. El festejo es el recuerdo, ya que aunque ya hace 7 que se esfumó a causa de un cáncer de pulmón, que lo obligó a pasar por varios tratamientos de quimioterapia en el Hospital de Nueva York. La enfermedad ganó la guerra física pero no logró quitarle la elegancia y dignidad de una vida única: semanas antes de su muerte, el propio Newman pidió volver a su casa para pasar sus últimos días junto a sus 5 hijas, poner orden a sus cosas y disfrutar de su compañera de vida de medio siglo.

Paul Leonard Newman era hijo de emigrantes húngaros y polacos. Nació el 25 de enero de 1925 en Ohio y, como tantos chicos de su tierra, cumplió con sus estudios y luego con el servicio militar en las bases de Okinawa y Guam de la Armada entre 1943 y 1945. Terminada la guerra, estudió Ciencias Económicas y hasta formó parte del equipo de fútbol americano de su universidad pero, por entonces, despertó en él la pasión por las artes escénicas.

En el mítico Actor’s studio de Nueva York, bajo la supervisión de Lee Strasberg, no sólo se formó sino que se codeó con las nuevas estrellas de Hollywood: James Dean, Steve McQueen y Marlon Brando. Con su implacable sentido del humor, Newman decía que firmó unos quinientos autógrafos como Marlon Brando, ya que salvo por el azul de los ojos, ambos tenían un visible parecido físico.
Su debut en cine fue en “El cáliz de plata” (1954) pero, a propósito de su sentido del humor y de su feroz capacidad de autocrítica, tras el estreno publicó un anuncio en la revista “Variety” con un pedido de disculpas: “Sobrevivir a mi primer largometraje fue un golpe de suerte”.

Pese a su descontento, la mirada de la crítica, la industria y el público fue diferente. Fue el comienzo de una carrera como pocas en la historia de Hollywood. Filmó más de medio centenar de películas, formó pareja con algunas de las mujeres más bellas, desde Liz Taylor o Sofía Loren hasta Eva Marie Saint, y fue dirigido por maestros como Michael Curtiz, Otto Preminger, Alfred Hitchcock, John Huston, Robert Altman, Martín Scorsese, los hermanos Coen y Sam Mendes, que lo dirigió en una memorable interpretación en Camino a la perdición.

Sin embargo, hablar de la vida cinematográfica de Newman significa también hablar de Robert Redford. Juntos conformaron una de las más exitosas duplas masculinas y forjaron una amistad de toda la vida. Redford, 12 años menor que Newman, quedó afuera del casting de “Butch Cassidy” (1969), pero Paul intercedió por él y no se equivocó. La película de George Roy Hill logró categoría de clásico. Y aunque solo volvieron a reunirse en “El golpe’”(1973), sin dudas formaron una de las parejas más recordadas de la historia del cine.

En su carrera recibió múltiples premios: un Oscar Honorífico en 1985, otro al mejor actor por El color el dinero en 1986 y el Premio Humanitario Jean Hersholt en 1993. Además, se llevó a casa cuatro Globos de Oro Mejor actor de reparto de serie en 2006; Premio Cecil B. DeMille en 1984; Mejor director por Rachel, Rachel en 1969 y Globo de Oro a la nueva estrella del año en 1957 por El cáliz de plata).

Pero más allá de su huella en la industria del cine, su vida estuvo marcada por su pasión por los autos de carrera. De hecho, siempre decía que su música preferida era el rugido de los motores y, quizás, como una forma personal de revancha, su película más taquillera fue “Cars”, la producción animada de Pixar a la que prestó su voz en 2006.

omo creó su propia marca de aderezos para pastas y ensaladas. Lógicamente, la bautizó “Newman’s Own” y también le sirvió para reírse un poco de sí mismo: “Cuando has visto tu cara en una botella de aderezo para ensaladas, es difícil tomarte en serio a ti mismo”.

Se casó dos veces, con Jackie Witte y Joanne Woodward, y de cada matrimonio tuvo tres hijos. El gran amor de su vida fue su segunda esposa, la también ganadora del Oscar por “Las tres caras de Eva”. Conformaron una de las parejas más felices de Hollywood y una familia modelo. Sin embargo, la vida de Newman también estuvo teñida por un dolor imposible de superar a causa de la muerte de su hijo Scott, quién a los 28 años fue víctima de una sobredosis accidental de pastillas y alcohol.

Paul decía que aquel 20 de noviembre de 1978 fue el día más triste de su vida y, si bien, no pudo recuperar a su hijo de las adicciones, su muerte sirvió para que el actor se convirtiera un filántropo incondicional. Se abocó a la apertura del Scott Newman Center, espacio dedicado a la prevención del consumo de drogas, pero también a otras activas humanitarias.

Pese a todos los dolores, llegó al final de su vida activo y sin creerse el cuento de su propia leyenda y de suma de galán inoxidable. Según dijo alguna vez, su epitafio debía decir: “Aquí yace Paul Newman, que murió fracasado porque sus ojos se volvieron marrones”.

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