En Tucumán solo hay el 50% de los enfermeros que se necesitan

309   29/12/2017 Lopez Jorge

¿Quién que tenga más de 20 años no recuerda haber sido asistido alguna vez por una enfermera? (O un enfermero, que también los hay, aunque las mujeres casi tripliquen el número, al menos por ahora). Ponen vacunas, curan heridas, controlan que los parámetros de los pacientes estén bien, administran medicamentos, están al pie del cañón y, si los pacientes se encuentran internados y sufren algún problema, son la primera línea de ayuda.

Son un bien indispensable del sistema de salud. Pero hay algo preocupante: son un bien escaso. Lo muestran los últimos datos del Programa Nacional de Formación de Enfermería (Pronafe): en nuestro país hay 2,21 enfermeros cada 1.000 habitantes, y las recomendaciones internacionales establecen como mínimo extremo cuatro. Si se compara con el número de médicos, los resultados se parecen: la relación enfermero/médico es de 0,56, aproximadamente, la mitad del mínimo indicado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Comparemos: según datos publicados por La Nación, el país mejor posicionado es Finlandia, con una tasa de 15 cada 1.000 habitantes; en Cuba llegan a ocho.

“En Tucumán el déficit es semejante -afirmó Jorge Rodríguez, director de la Escuela de Enfermería de la filial tucumana de ATSA (Asociación de Trabajadores de la Sanidad)-. En este momento, necesitaríamos unos 25.000 enfermeros, y estamos más o menos en la mitad”. A eso se suma, explicó, que muchos están ya en edad jubilatoria, y se hace difícil el recambio.

Los datos del Pronafe confirman la situación; para 2020 se fijó como objetivo formar 50.000 nuevos enfermeros. Pero para la misma fecha, se calcula, se habrán jubilado 56.000, lo que dejará 6.000 puestos por cubrir sólo para mantener el panorama actual, que -se vio- está lejos de lo recomendable. “Para estar bien se necesitarían unos 100.000 enfermeros más; lograríamos una relación de seis o siete enfermeros cada 10.000 pacientes”, dijo a La Nación Pablo Bogado, secretario general nacional del Sindicato de Trabajadores de Enfermería (Sitre).

Saberes y capacidades

Datos oficiales del Sistema de Información Sanitario Argentino dan cuenta de unas 180.000 personas matriculadas en el campo de la enfermería. De ellas el 11% son licenciados, el grado mayor de formación; los técnicos llegan a 41%; y los auxiliares (que cursan una carrera de sólo un año), al 48%.

“Según informes de la OPS/OMS, la carencia de enfermeros en Latinoamérica viene de muchos años atrás y se atribuye a diferentes factores que no sólo tienen que ver con temas salariales, sino con el hecho de que no hay difusión adecuada de lo que el enfermero puede hacer hoy y cuál es la tarea que realiza”, afirmó Teresa Gómez, directora de la Escuela de Enfermería del Hospital Británico, de Buenos Aires.

La oferta de instituciones donde se puede estudiar Enfermería en la Argentina es amplia: 53 universidades y 212 escuelas técnicas que dictan la carrera. Hay casi 30.000 nuevos inscriptos por año y alrededor de 78.000 estudiantes cursándola. “En Tucumán están egresando poco más de 100 enfermeros por año; es claramente insuficiente”, señaló Rodríguez.

En primera persona

Nora López conjuga en su persona una enfermera que luego se recibió de médica anestesista. Hoy trabaja codo a codo, en el quirófano del Hospital Padilla, con colegas de su otra disciplina.

“El déficit existe desde siempre y se nota; que crezca el número de enfermeros es una gran necesidad. Pero no sólo eso; también es crucial el reconocimiento de lo importante del trabajo del enfermero -destaca-. Ellos son los que mantienen el contacto asiduo con los pacientes; y no sólo curan: contienen y hacen más llevadera la vida en el hospital”.

“Tuve una experiencia de terapia intensiva como paciente; y sin enfermeros hubiera sido una tortura aún peor -añade-. Pero algunas cosas van cambiando: los enfermeros se han profesionalizado y se van especializando, por un lado; y por otro, con el paso del tiempo, la relación con los médicos es más de pares; se reconoce su saber y se valora lo crucial que es su relación con los pacientes para ayudar a la recuperación”.

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