A un año de la desaparición de Milagros Avellaneda y su hijo, Benicio, todo sigue igual

992   1/11/2017 Lopez Jorge

Cuando Amalia Ojeda fue hace un año a la comisaría 11ª de San Miguel de Tucumán por la desaparición de Milagros, su hija de 26 años, y de Benicio, su nieto más chico de 1 y 8 meses, pasaron 60 horas hasta que le tomaron la denuncia.

Para ese momento Roberto Rejas, perito criminalístico y guardiacárcel de la Policía de Tucumán, ya sabía que una madre había llegado a la seccional buscando a la hija y que había dado su nombre. Una amiga de la chica lo señalaba como la última persona que había estado con ella.

Amalia Ojeda (Gentileza La Gaceta)

Amalia Ojeda (Gentileza La Gaceta)

Los agentes que estaban en la comisaría intentaron convencer a Amalia de que su hija se había ido sola, que era grande, que esperara unos días antes de denunciar. Pero después de insistir durante un largo rato, la terminaron llevando hasta la casa de la familia Rejas para que preguntara si sabían algo de Milagros.

“No querían abrir, primero salió el padre y me preguntó qué buscaba, me dijo que su hijo estaba enfermo, que estaba en reposo y que no podía atenderme. Después salió la madre a ver qué pasaba y al final terminó saliendo él. Me dijo que no conocía a Milagros, que la había visto una vez en 2014 y nunca más”, le cuenta Amalia a Infobae, sobre la primera vez que tuvo frente a frente al principal acusado por la desaparición de su hija y de su nieto.

Benicio y Milagros

Benicio y Milagros

Recién el 1 de noviembre de 2016 Amalia pudo finalmente radicar la denuncia. Según surge del expediente, el guardiacárcel Rejas hizo ese día desde su teléfono una búsqueda en Google: “descomposición rápida de cadáver”.

“Pasaron cinco días hasta que se lo detiene, 30 horas hasta que le toman la denuncia a Amalia y en el momento además le avisaron que había gente denunciándolo”, se queja Silvia Furque, abogada de la familia de Milagros cuando repasa la secuencia.

Esos cinco días que demoró el personal de la comisaria 11ª en tomar la declaración y hacer correr el parte a fiscalía, según la abogada fueron claves para que Rejas, hoy con prisión preventiva por homicidio, adulterara y desapareciera pruebas.

Milagros de los Ángeles Avellaneda era empleada administrativa en el Juzgado de Paz de El Chañar y tenía 26 años. Conoció a Roberto Carlos Rejas, policía de la Provincia de Tucumán, de 30, una noche de 2014. Tuvieron un romance fugaz y producto de esa relación, el 20 de mayo de 2015, nació Benicio.

Milagros quería que Rejas reconociera al bebé, pero él, que estaba en pareja desde hacía varios años con una compañera de la Policía Federal, le dijo que el nene no era hijo suyo y que no quería verla más. Dejó de responderle los mensajes, de atenderle el teléfono y la eliminó de todas sus redes sociales. Pero ella insistió.

“Quería que él le pase una manutención o alimentos, nada fijo, pero que cuando necesitara para el bebé remedios por ejemplo, la ayudara”, explica la abogada Furque. Incomunicada, Milagros empezó a ir a buscar a Rejas personalmente, casi siempre acompañada de Flavia, su mejor amiga, que una de esas veces vio cómo la amenazaba de muerte.

Roberto Rejas junto a su novia

Roberto Rejas junto a su novia

El 28 de octubre del año pasado a las 21:40 Milagros paró en un taxi frente al minisuper donde Flavia estaba haciendo las compras y sin bajarse del auto le pidió que la acompañara a hablar otra vez con Rejas. Iba con Benicio. Su amiga le dijo que estaba sola con los chicos, que no podía ir esa vez. “No hay problema”, respondió ella desde el coche y quedaron en encontrarse más tarde.

“Roberto me pegó, estamos cerca de la terminal de ómnibus”, la escuchó decir a Milagros en un audio de WhatsApp más tarde esa misma noche. “Decime dónde estás”, le contestó Flavia. Unos minutos después recibió un último mensaje, esta vez escrito, en el que le decía que Rejas “se había calmado”, que ya estaba “todo bien”, pero que al final no iban a poder verse como habían arreglado.

En base a las pruebas de instrucción de la causa pudo saberse que esa medianoche, los celulares de Milagros y de Rejas se apagaron al mismo tiempo y en el mismo lugar; en el Parque 9 de Julio de San Miguel de Tucumán. Desde ese momento se vuelve imposible desandar sus pasos o rastrear sus movimientos. El de él volvió a encenderse siete horas más tarde en su casa y el de ella nunca más.

Lavaderos de autos, peritos y cámaras de seguridad

Roberto Carlos Rejas

Roberto Carlos Rejas

El papá de Roberto Rejas comparte con su hijo el nombre y la profesión. Es perito criminalístico jubilado de la Policía Federal y aún hoy profesor en el Instituto Privado Almafuerte de San Miguel de Tucumán, donde da clases en la Tecnicatura en Criminalística de esa institución.

El 4 de noviembre, tres días después de la denuncia de Amalia y un día antes de su detención, Rejas llevó a lavar su Gol Trend. No fue una limpieza común: se usaron ácidosclarificantes y se lo aseó al vapor, lo que –según los investigadores determinarían más tarde– hizo desaparecer cualquier rastro de ADN. “Me gusta tenerlo limpio”, respondió él al ser consultado por el detalle.

A pesar de esto las pruebas realizadas con luminol sobre el coche dieron “positivo” en la búsqueda de rastros de sangre, pero la cadena de ADN se encontraba incompleta, por lo que no pudo establecerse a quién pertenecían las muestras. A partir de los patrones genéticos tomados de la ropa de Milagros y Benicio, sí pudo comprobarse en cambio en una ampliación de la indagatoria, que Rejas era efectivamente el padre de la criatura.

Gentileza de La Palta – Comunicación alternativa

Gentileza de La Palta – Comunicación alternativa

En ese momento se intervinieron los números telefónicos del guardiacárcel y de su círculo más cercano. Apenas unos días más tarde Roberto Rejas padre llamaba desde su celular a otro perito y le pedía explicaciones acerca de por qué si el vehículo había sido lavado con ácido, el luminol había dado positivo en sangre. “Dale que ya saqué las armas y las computadoras de mi casa”, le dijo el propio implicado a su novia en otro llamado, mientras la policía se dirigía a su domicilio a realizar un allanamiento.

“Él era policía provincial, guardiacárcel y a su vez perito criminalístico, sabía qué y cómo hacerlo”, dice la abogada y recuerda que “cada vez que se hacían medidas, de una u otra manera los Rejas lo iban sabiendo”.”A esto se suma que en Tucumán no hay nada para la investigación de estos delitos, no hay perros, no hay piletones para buscar, no andan las cámaras de seguridad”, enumera. Sin embargo, aún sin funcionar, las cámaras tendrían un rol clave en la investigación.

Según consta en la causa, un ex compañero de Rejas de la Escuela de Policía declaró que antes de la detención del perito criminalístico y guardiacárcel, este le envió un mensaje a su teléfono celular y le preguntó a quién conocía en el Centro de Monitoreo local, es decir, el lugar desde el que se manejan las cámaras de seguridad de la ciudad. El testigo dijo que le dio dos nombres.

Al otro día uno de esos dos nombres que le había dado, le contó que Rejas quería saber qué cámaras funcionaban y qué cámaras no en el parque 9 de Julio, el último lugar donde la señal de los teléfonos lo ubicaron junto a Milagros la medianoche del 28 de octubre de 2016, el día de la desaparición. Del expediente se desprende que la mayoría de los dispositivos de seguridad estaban rotos y no grababan, que el resto captan solo imágenes blanco y negro y de baja calidad.

Una madre que busca justicia

Amalia Ojeda durante una de las marchas por Milagros y Benicio (Gentileza La Palta – Comunicacion alternativa)

Amalia Ojeda durante una de las marchas por Milagros y Benicio (Gentileza La Palta – Comunicacion alternativa)

Amalia del Jesús Ojeda vive en su casa del barrio Lola Mora con su esposo Miguel y con Alvarito, de 7 años, el hijo mayor de Milagros. El lunes de la semana pasada su nieto estaba en la casa por el feriado del lunes 16 y la sorprendió con una pregunta:

-¿Abuela ya pasó el Día de la Madre?- le dijo.

-Sí, ¿Por?

-Esperaba que mi mamá viniera- le respondió y se quedó callado.

“Él pensaba que su mamá estaba trabajando en otro lado. Hará un mes la psicóloga particular le dijo ‘mirá, tu mamá está desaparecida, tu hermanito también, los están buscando’“, compartió Amalia con Infobae. Ese día Alvarito volvió a su casa con dolor de panza. No dijo nada, agarró su oso, lo abrazó fuerte y durmió varias horas.

A partir de una acordada la Corte de Tucumán había dispuesto que el sueldo de Milagros en el Juzgado de Paz de El Chañar lo siguiera cobrando Amalia y que ese dinero se destinara a la crianza de Alvarito. Hace poco el abogado defensor de Rejas, Carlos Picón, denunció que “estaba cobrándose el sueldo de una mujer ausente”. La Justicia dio de baja el puesto, puso a otra persona en ese lugar y suspendió la pensión.

Gentileza de La Palta – Comunicacion alternativa

Gentileza de La Palta – Comunicacion alternativa

“Nos han destruido la vida. Pasó el día de la madre, pasó mi cumpleaños, el Día del Padre y sin ella es muy triste”, dice Amalia, que en medio de su relato compara lo que pasó con su hija con otras dos desapariciones resonantes en Tucumán, la de Daiana Garnica, hace ya más de 5 meses, y la de Mariana González, hace 3 años.

“Ha pasado un año y el caso no ha sido difundido jamás por los medios, solo los de Tucumán y la búsqueda de ella es a nivel nacional, hasta Interpol la está buscando”, insistió. El gobierno de esa provincia ofreció 50.000 pesos a quienes pudieran aportar datos sobre Milagros y Benicio, una suma que si bien no es despreciable, según la familia está llamativamente por debajo de las destinadas a otras búsquedas en el país.

“Me acuesto llorando, me levanto llorando. Necesito salir de la oscuridad en la que vivo día a día. Es una pesadilla”, comparte Amalia y asegura que hay una sola cosa que la mantiene de pie en medio de tanto horror: Alvarito. “Yo quiero saber si están vivos o muertos. Aunque me duela yo quiero saber la verdad. Quiero saber qué hizo Roberto Rejas con mi hija y con mi nieto”.

Roberto Rejas permanece con prisión preventiva en la Unidad 5 de Villa Urquiza, acusado de “Homicidio agravado por alevosía”, por Benicio, y “por violencia de género”, por Milagros. Se espera que este año el caso sea llevado a juicio. La abogada Furque apuesta a lograr una condena perpetua sin cadáveres, como ocurrió en el caso de Ángela Beatriz Argañaraz, desaparecida el 31 de julio de 2006, también en Tucumán.

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