La estrategia oficialista fue confrontar con el gobierno nacional

379   13/08/2017 Lopez Jorge

Se esfumaron las sonrisas de las fotografías conjuntas de antaño. Y hasta desaparecieron los encuentros cara a cara. Ni siquiera hubo saludos protocolarmente correctos. Las formas se dejaron de lado para dar rienda suelta a las necesidades de la contienda electoral, entre ellas, la de diferenciarse. La relación entre el presidente Mauricio Macri (Cambiemos) y el gobernador Juan Manzur (Partido Justicialista) se rompió durante la campaña de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), y tanto en uno como en otro sector vaticinan que, después de las elecciones de octubre, la fractura se intensificará aún más.

Macri y Manzur no son candidatos, pero los dos salieron a cazar votos para sus respectivas listas. Y al hacerlo, se trenzaron con críticas ácidas que cruzaron por medio de la prensa, pero también se prodigaron gestos de desdén. A un ataque virulento le siguió un reproche todavía más mordaz: los funcionarios provinciales y nacionales secundaron a sus jefes en la confrontación (ver “Tribuna macrista y manzurista”). En ese afán, las autoridades provinciales y nacionales alimentaron la crispación como nunca antes había ocurrido desde el retorno de la democracia.

Unidos por la escasez

La campaña acusó recibo de la particularidad de que, como hace al menos seis turnos no ocurría, la Casa Rosada y la Casa de Gobierno están en manos de autoridades de signos políticos distintos u opuestos. Desde 1983, cuando el país recuperó el orden constitucional, hasta el presente ese escenario político se había presentado en cuatro ocasiones. Así, el peronista tucumano Fernando Riera coincidió con el presidente radical Raúl Alfonsín entre 1983 y 1987, y luego el también peronista José Domato compartió la mitad de su gestión con el alfonsinismo: curiosamente, la llegada al poder nacional del justicialista Carlos Saúl Menem supuso el final para Domato, que se fue con la intervención federal de 1991 decretada por la Casa Rosada. Entre 1995 y 1999, al ex gobernador y represor condenado por delitos de lesa humanidad, Antonio Domingo Bussi (Fuerza Republicana) le tocó lidiar con Menem, y en el período 1999-2001, el mandatario peronista Julio Miranda hizo lo propio con el jefe de Estado nacional de origen radical, Fernando de la Rúa.

El trato entre estos gobernadores y presidentes de partidos políticos distintos nunca se cortó ni prescindió de las necesarias formalidades institucionales: hay quienes por ejemplo destacan la cordialidad que había entre Riera y Alfonsín, dos emblemas de la lucha por la democracia; el alineamiento de Bussi con Menem y el pacto de gobernabilidad entre Miranda y De la Rúa, dos gobernantes “unidos” por la desgracia de tener que administrar la escasez. “Por su trayectoria gremialista, Miranda estaba acostumbrado a negociar. Y por la crisis que había dejado Menem, sólo podía tratar de atrapar algo del goteo de fondos que caracterizó a la presidencia de De la Rúa”, indica un protagonista de esa época. No es que no hubiese demandas o reproches, es que se tramitaban de otras maneras y ningún gobernador podía darse el lujo de enemistarse con su fuente principal de financiamiento. En un país regido por una Ley de Coparticipación Federal sancionada en 1988, la puja por los recursos económicos resulta clave para entender la relación Nación-Provincia.

 

“Dedicate a otra cosa”

“En un régimen presidencialista como el de Argentina, las relaciones entre el presidente y los gobernadores son por definición asimétricas en favor del poder central”, opina por escrito el doctor Leandro Lichtmajer, investigador del Conicet (Instituto Superior de Estudios Sociales) y profesor de Historia Argentina en la Universidad Nacional de Tucumán. El académico traza un paralelismo entre Riera y Manzur: ambos gobernadores peronistas se reunieron con sus pares para defender los ingresos provinciales y a ambos les tocaron presidentes (Alfonsín y Macri) del mismo color que el Poder Ejecutivo bonaerense (Alejandro Armendáriz gobernó Buenos Aires entre 1983 y 1987 mientras que María Eugenia Vidal controla ese distrito a partir de 2015). “Riera y Alfonsín discutieron por la distribución de fondos fiscales, tema muy sensible en la actualidad. Riera formó una alianza de gobernadores similar a la que se está gestando en el presente en rechazo al reclamo de Vidal para actualizar el Fondo de Reparación Histórica del Conurbano Bonaerense y en la que Manzur interviene activamente. Riera y Manzur están en una posición similar respecto del Gobierno nacional y bonaerense, pero el momento del país y las formas de la política son muy diferentes a las del retorno a la democracia”, añade Lichtmajer.
María Celia Bravo, doctora en Historia, ensayista e investigadora tucumana, apunta en una conversación telefónica que el vínculo Nación-Provincia siempre va a ser una relación dinámica de fuerzas. Esta constante se puso de manifiesto incluso cuando Tucumán se encolumnó con el poder presidencial, como sucedió durante la gobernación de José Alperovich y la administración nacional de Néstor y Cristina Kirchner (2003-2015). Ese encuadramiento perfecto empezó con un tropezón simbólico: en enero de 2004, Néstor Kirchner hizo una escala en la provincia camino a México y no se entrevistó con Alperovich, que estaba en Tafí del Valle. A partir de entonces, todas fueron coincidencias y apoyos hasta la conmemoración del 9 de Julio de 2015, cuando Cristina Kirchner llamó la atención al mandatario, que dijo que se sentía satisfecho con lo que había hecho, en el acto que este había organizado. “Yo, la verdad, José, no me siento con el deber cumplido. Siento que todavía faltan muchas cosas. Será porque cuando uno es militante, nunca estás conforme, hermano; sino dedicate a otra cosa. En la política nunca podés estar conforme. Siempre hay que ir por más. Siempre. Entonces siento que todavía faltan cosas por hacer. Y confío en que los ‘compañeros’ y ‘compañeras’ de este proyecto los van a llevar a cabo”, respondió la ex Presidenta a su anfitrión.
En junio de 2016, después del revoleo de nueve millones de dólares que ejecutó José López, ex secretario de Obras Públicas de la Nación y entonces representante tucumano en el Parlasur, Alperovich proclamó el fin del kirchnerismo; dijo que la ex jefa de Estado había impuesto a López y admitió que nunca había tenido buena relación con los jefes de Estado. “Muchas veces se votaron leyes con las que no estaba de acuerdo pero, como gobernador, tenía que defender los intereses de Tucumán y eso era traer la mayor cantidad de obras y de recursos. Sabía que si actuaba distinto, se perjudicaba la provincia”, justificó. Su esposa, la ex senadora Beatriz Rojkés de Alperovich, llegó a ser presidenta provisional del Senado y, eventualmente, presidenta de la Nación por la ausencia de Kirchner y del vicepresidente Amado Boudou.

 

Sí con Schiaretti

Dicen que en política siempre hay marcha atrás y posibilidad de rectificación. Así como Alperovich se deskirchnerizó, Manzur, ex ministro de Salud de Cristina Kirchner entre 2009 y 2015, tuvo gestos de acercamiento con el macrismo en el primer año de su gobernación. El jefe de Estado provincial asumió con un discurso conciliador y hasta prometió una reforma electoral que está virtualmente paralizada, quizá a la espera de los resultados de los comicios nacionales. La celebración del Bicentenario de la Independencia sirvió para acercar posiciones entre Tucumán y la Nación, y durante casi todo 2016 los diputados y senadores que respondían al oficialismo provincial -incluso Alperovich- votaron iniciativas de ley promovidas por Cambiemos, con el ministro nacional Rogelio Frigerio como intermediario con la Casa de Gobierno.
Esa sintonía se quebró a finales del año pasado y la ruptura se exteriorizó por primera vez en mayo, cuando Macri vino por quinta vez a la provincia con motivo de las inundaciones. En La Madrid, el Presidente fue abucheado por seguidores del Gobierno provincial. A partir de entonces, los ánimos generales se caldearon hasta el punto de que el jefe de Estado volvió en julio para apoyar la oferta electoral local de Cambiemos, pero no se encontró con Manzur. Al respecto, cabe subrayar que Macri y el gobernador peronista Juan Schiaretti sí se saludaron cuando el primero viajó a Córdoba para participar del acto de cierre de campaña de sus candidatos. Interlocutores de los espacios políticos de Manzur y de Macri coinciden en que el enfrentamiento recrudecerá después de las elecciones de octubre porque de inmediato comenzará a jugarse la suerte del poder político en 2019, batalla que pondrá en escena el instinto de supervivencia de los dos sectores.

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