Ella no quería retomar la relación y él la mató a puñaladas a metros de su casa

580   24/04/2017 Lopez Jorge

Luego de atacarla, el femicida corrió hasta la comisaría más cercana, donde entregó su enorme cuchillo y admitió la autoría del crimen. Se habían casado en 2015 pero se encontraban separados. Eran vecinos: sus casas estaban separadas por un pasaje.

A las 6 de la mañana, José Leal escuchó que alguien lo llamaba desde afuera de su casa, con gritos desesperados. Aún algo dormido, este luego pudo oír un fuerte golpe contra la verja de la vivienda. Su esposa le advirtió que no saliera, que podía ser un asalto, pero el hombre igual se asomó. En la vereda, sin vida, estaba su vecina de toda la vida, Silvia Graciela Morales. Algunos minutos después, 10 cuadras más al norte, en la comisaría 9°, Julio Rubén Olivera puso un cuchillo tipo carnicero sobre la mesa de entrada y advirtió: “maté a mi mujer”.

Cuando los servicios de emergencia llegaron al barrio Crucero Belgrano, confirmaron lo que Olivera había confesado. Sin embargo, nada pudieron hacer para salvarla. Las puñaladas -fuentes policiales deslizaron que serían al menos tres, pero el informe forense aún no fue presentado- fueron certeras en lugares sensibles, como el tórax y el cuello. La mujer no resistió la pérdida de sangre y falleció ante la mirada de la gente del barrio. “Era una excelente vecina. Nunca tuvimos un problema, siempre fue muy amable”, lamentó Leal.

Tras el ataque, el asesino huyó tan rápido que nadie lo vio. Dos horas después del femicidio, toda la familia de la víctima había tenido que abandonar la casa para colaborar con las investigaciones y un grupo de vecinos ingresó para ayudar a acomodar algunas cosas. Ninguno de ellos quiso hablar de lo que había ocurrido.

Luego de las tareas de Criminalística y Policía Científica, llegó al lugar un equipo de la división Homicidios, a cargo de Hugo Cabezas. Los investigadores comenzaron a indagar en la cuadra y pronto pudieron saber que la pareja se había casado en 2015, pero que actualmente habían puesto una distancia en la relación. O al menos, ella lo hizo; la principal hipótesis que se maneja es que Olivera intentaba convencer a la mujer de volver a estar juntos.

En el barrio también se explicó que la mujer tenía 54 años y su atacante, 63. Ella había formado una familia con un efectivo de la Policía con quien había tenido todos sus hijos, pero había enviudado joven. Hace dos años, había vuelto a apostar a una relación con Olivera, también ex policía, que había vivido siempre en una casa que estaba cruzando la estrecha calle de tierra que divide las manzanas “N” y “J”.

Existe un punto en que las versiones se bifurcan, pero se trata, apenas, de un detalle. Algunos explicaron que la mujer había vuelto de una fiesta y otros aseguran que estaba esperando que uno de sus hijos volviera de bailar. Lo cierto es que estaba en la vereda cuando vio venir a su ex pareja. Cuando comenzaron las puñaladas, pidió auxilio pero el atacante fue demasiado veloz.

Confeso

A las 14, el hombre fue presentado en la fiscalía de Adriana Reinoso Cuello. Desde que llegó al lugar se mostró cabizbajo y deprimido por lo que había ocurrido, pero volvió a admitir su culpa durante una declaración que se extendió por varias horas.

Pese a que se deben hacer todas las pericias del grave caso, se trata de un femicidio en el que no quedan demasiados misterios por resolver; de hecho, el cuchillo que presentó el hombre sería compatible con las heridas de la mujer. Por esto, se solicitó al juzgado de turno su detención

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