“La mía fue una infancia…”: Adrián Pallares y una confesión sobre su desconocido pasado

671   27/03/2017

Adrián Pallares, panelista en Desayuno Americano y en Intrusos, habló de su infancia y reveló cómo fue que llegó a los medios masivos. No siempre estuvo tan cómodo en lo laboral.

“Yo soy muy reacio a hablar de mí. Uno trabaja mucho en la televisión, habla mucho todo el tiempo, pero siempre digo que mi negocio es el misterio”, dijo en una entrevista con Clarín. “A mí no me gusta el periodista celebrity. A mí me gusta el periodista periodista, haga el rubro que haga. Algunos dicen: ‘Hacés chimentos, eso no es periodismo’. Para mí es uno de los géneros más difíciles que hay en la profesión”, agregó.

“Mi familia era de clase media baja. Mi viejo era un laburante, desde siempre, sin casa propia. La mía fue una infancia laburada. Nunca faltó nada, pero tampoco nunca sobró nada. Mis viejos eran chiquitos. Se casaron y arrancaron desde los 16 o 17 años (a esa edad lo tuvieron). Algo así siempre es complicado. Y eso, claro, repercutió en mi ritmo de vida”, agregó.

“Siempre tuve que trabajar de otra cosa porque no era tan fácil entrar a los medios. Trabajé de cadete en una agencia de turismo, en una empresa textil y en una cerealera. Mientras tanto, también trabajaba los fines de semana en un videoclub. Tenía dos laburos. Era un plomo, estaba todo el sábado y el domingo sentado ahí, escuchando la radio. Pero me gustaba el cine, y miraba las películas, que tenía que ir recomendando. ¿Sabés? Siento que todo fue ayer”, comentó.

En la entrevista, Pallares recordó que: “Como todos, hice la radio “trucha”, como hacíamos todos en ese momento. Hacía un programa que se llamaba Arrorock, en FM Mataderos, los lunes, con amigos y con quien hoy es mi mujer. Además escribía en un diario barrial que se llamaba La vía, de Villa Luro, y entrevistaba a personalidades de la zona. En 1994 empecé a trabajar en una gráfica, de atendedor, que era como el asistente del corrector. Antes se corregía, parece muy lejano, pero se corregía. Nosotros corregíamos revistas de cable, que era muy complicado porque estaba toda la grilla de programación. De atendedor pasé a corrector y después a coordinador del taller de fotocromía. Tenía 24 años”.

En esa época, lo económico no marchaba muy bien: “Vivía con mis padres. Todo lo que hacía era porque me gustaba. Pero me las rebuscaba. En 1998 empecé a ser productor de Laura Ubfal en un programa que se llamaba La Linterna, en Canal A y después en Canal 7. En 2000, ella me empezó a dejar hacer micrófono en Radio 10. Ahí hablaba de cine y de series, algo que no estaba muy de moda. Era ad honorem, algo que hacía por placer. Pero en 2001 me quedé sin trabajo”.

“Entré y le dije a mi viejo: ‘Se acabó Canal 7’. Él me dijo: ‘A mí me acaban de echar’. Nos quedamos sin trabajo el mismo día”, recordó.
Afortunadamente, la hermana y el padre de Carlos Rottemberg, a quienes conocía de un trabajo de prensa esporádico, lo recomendaron para ser administrador de los teatros del reconocido productor. “Me acuerdo que Carlos me llamó un domingo 29 de marzo, de Pascua. Estaba en mi casa y sonó el teléfono. Fui a una entrevista en su oficina, en el Multiteatro, que se había inaugurado hacía 1 año, y me propuso administrar el Lorange, el Ateneo y el Liceo. Le dije que sí, claro. Y ahí empecé”, confesó. Luego, llegó la propuesta mediática.

Al poco tiempo, lo llamaron para ser panelista en Los profesionales de siempre, que marcó el regreso de Canosa a la televisión. “Era lunes y el programa debutaba el martes de la otra semana. Me hicieron dos preguntas en la entrevista y al otro día me llamaron para decirme que sí”, rememora.

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