Droga en Cordoba

“La Gringa”, la jefa narco que vivía rodeada de lujo y confort

A los 36 años, manejaba la principal red minorista de droga en Córdoba. Tenía una casa de fachada humilde, pero en el baño había hasta una ducha escocesa.

474   25/01/2015 Gastón Banegas

Su casa estaba en un barrio humilde, de construcción estatal, conformado por viviendas gemelas adonde había reubicado a los habitantes de distintas villas de emergencia. En el frente de la suya ella tenía un kiosco, con el que decía ganar unos 2.500 pesos mensuales cuando la cuestionaban por sus ingresos. Pero puertas adentro todo era diferente: vivía rodeada de pantallas de LCD y equipos de música de alta fidelidad, tenía una ducha escocesa instalada en el baño y el garage repleto de motos y cuatriciclos. Además poseía un grupo electrógeno propio para eludir los cortes de luz.

“La Gringa”, como todos conocen a Lidia Rosa Mena (36), acaba de ser detenida bajo la acusación de manejar la red de venta minorista de droga más importante de Córdoba. Para el gobierno provincial, su arresto fue el golpe más fuerte que dio el Fuero de Lucha contra el Narcotráfico desde su creación, hace dos años. “Es la narcotraficante más importante de Córdoba. Domina una vasta zona aledaña a Ciudad Evita”, apuntaron desde la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico de la Policía.

Su mito se venía agrandando desde hacía años. “En el barrio todo el mundo lo sabe: al que cae preso por tenencia de estupefacientes, ella le paga el abogado”, explicaron fuentes policiales a Clarín. “Y les da dinero en efectivo a todos los vecinos que andan con urgencias. Así compra lealtades”, agregaron.

En Ciudad Evita, donde vivía “La Gringa”, todas las casas son iguales. Es el primer barrio-ciudad creado por el gobierno provincial en las afueras de la Capital, para reubicar a los habitantes de villas de emergencia. Y no es para nada tranquilo. Allí desapareció en marzo de 2012 Jimena Natalí Arias (22), madre de tres nenas, cuyo cadáver habría sido quemado luego de que la asaltaran y la violaran. Y en diciembre de 2013, durante el acuartelamiento policial de 30 horas que convirtió a Córdoba en una zona liberada, murió baleado otro vecino, Javier Alejandro Rodríguez (20), cuando iba en una moto cerca de un supermercado saqueado.

A pocas cuadras de las casas de Jimena y Javier, agentes de la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico -apoyados por el cuerpo de elite ETER de la Policía cordobesa-, allanaron el kiosco de paredes blancas y cartel luminoso donde vivía la jefa narco. Los policías sabían que a esa hora, cerca de las cinco de la tarde, “La Gringa”, dormía la siesta. No era la primera vez que la allanaban, pero sí sería la única que le encontrarían mucha droga: más de medio kilo de cocaína ya fraccionada en 1.007 dosis. También hallaron 145 gramos de alta calidad, que se vende a un precio mucho mayor en el mercado. Además había unos 6.000 pesos en efectivo.

“La Gringa” era perseguida por la Justicia desde hacía años por sus nexos con el narcotráfico. En 2007 la había detenido la Justicia Federal pero había sido liberada. Luego, en marzo de 2013, le encontraron poco menos de 200 gramos de marihuana en su casa y fue imputada por tenencia de estupefacientes, pero el operativo fue irregular. Entonces fue cuando dijo que se mantenía con los 2.500 pesos mensuales que sacaba de su kiosco, algo incompatible con su nivel de vida. También quedó libre.

Pero en noviembre de 2013, la propia mujer tuvo que acudir desesperada a la Policía: una banda de narcosecuestradores atacó la casa de su hija, de 17 años, y se la llevó secuestrada. Le exigían 200.000 pesos o 20 kilos de cocaína como rescate. Según se supo más tarde, ella ya estaba enterada de que andaban detrás de su familia.

Uno de sus hermanos, preso en la cárcel cordobesa de Bouwer, había recibido el dato de un compañero de encierro: “Esta noche le vamos a reventar la casa a ‘La Gringa’. Tiene mucha guita y merca”. Era la tarde del 18 de noviembre de 2013. El hombre llamó a la mujer, le advirtió lo que ocurriría y ella se escondió en la casa de otro hermano. Los secuestradores, entonces, decidieron llevarse a su hija, que vive a 150 metros.

El fiscal federal Gustavo Vidal Lascano y el jefe de la División de Delitos Complejos, Ariel Avila, dirigieron la investigación. La chica fue liberada 24 horas después, tras el pago de $ 7.500. A las pocas semanas, “La Gringa” identificó al negociador del rescate: le había vendido un auto apenas tres semanas antes del secuestro de su hija. Por eso los delincuentes estaban seguros de que tenía plata.

En septiembre del año pasado por el caso fueron detenidos cuatro sospechosos: Julio César Borisonic y tres integrantes del Clan Jatib, dedicados al narcosecuestro: Aldo Eduardo “Nano” Jatib; Diego Martín Jatib y Héctor Vicente “Quico” Jatib.

Ahora cayó “La Gringa” y provocó una conmoción. “Nos plantaron la merca. El primer policía que entró nos metió la bolsa con la droga ya fraccionada para simular que nosotros vendíamos acá”, denunció a Clarín un allegado a la mujer.

El barrio sigue en alerta. Mientras este diario entrevistaba a los familiares de Mena, aparecían y desaparecían en la cuadra un puñado de adolescentes; son los llamados “perros” o “teros”, que vigilan la zona como soldaditos.

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